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La subida del oro ha llevado el espanto ¿muchas familias. Pero no me lo explico. Y a Ve usted- -me decía uno, todo acongojado, -cada moneda de á cinco duros vale 15 reales más. -Pues hombre, eso es motivo de alegría: el que tenga cinco duros en oro, tiene 115 reales y el que los tenga en plata, tiene 25 pesetas. Conque no puede pedirse más. Pero es que hay gentes que si no hacen como que les interesa mucho el estado rentístico, no pueden vivir. Conozco á uno que aún lleva el terno de verano y deslucido. Se me acercó ayer y me dijo: -Usted que es periodista, ¿qué piensa de nuestra Hacienda? ¡Ah! yo no pienso en eso. ¡Así estamos mal! ¡Yo no! ¡Vamos á la bancarrota! ¡Por mi parte- ¿Cree usted que Camacho- -Ño, me he fijado en eso. ¿Me presta usted dos pesetas? ¡No tengo! ¡Buenos están los tiempos! ¿No tiene usted dos pesetas? -No, ¡ni usted tampoco! ¡Ah! si yo las tuviera Y se fué dando diente con diente. -Pues el marco dorado donde tengo el retrato de mi difunto, está deslucido, ¡Es verdad! -Dorarle de nuevo me va á costar un dineral; ¡ya ve usted cómo anda el oro! ¡Es cierto! -Pues bien; he pensado forrar el marco con billetes de Banco. ¡Buena ocurrencia! ¿Y sabe usted cuánto me llevan por forrarle? ¡Una atrocidad! ¡Quiá! ¡Catorce reales! Cuadro F. -Más piedra. Al acabarse la función: Un. espectador. -No he entendido una palabra he oído cantar; sé que la tiple acaba por ser feliz; pero ¡tanta decoración! ¡tanto grito! ¡tanto embrollo! Yo salgo malo y no sé de qué. Otro espectador. ¡Como yo! ¡Pero si sé de qué! ¡De mal de piedra! En casa de un amigo encontré a l a familia muy regocijada. ¿Qué pasa? -Que acaba de oourrirsenos una gran ¡dea. El niño Pepito, ya sabe usted, el mayor... -Si, s í adelante- ¡Estudiaba para abogado! -Y ha tomado el grado- ¡Quiá! Hemos resuelto que cambie de carrera en vista del alto precio que va alcanzando el oro. ¿Y á qué le dedican ustedes ahora? ¡Toma! ¡A dorador! ¡Considere usted! ¡Manejar oro en estos tiempos! ¡Claro está! La carencia de dinero ha inspirado á un carpintero de Valladolid la idea de hacerle imitado. Y se ha venido á Madrid; ha montado una fábrica de moneda; han sorprendido á él y á sus cómplices, y los han metido en chirona. ¡Por vida de... -decía el carpintero. ¡Yo me tengo la culpa! ¿Por qué razón? ¡Porque me metí á falsificar duros! Si me hubiera metido á falsificar monedas de oro- ¡No comprendo! -Que nadie las conoce. ¿No ve usted (jue no se encuentra una para un remedio? El acontecimiento de la semana es el estreno de la tragedia del escritor catalán D. Vicente Guimerá. Es una obra hermosa, algo así como el monte Sinaí puesto en verso, ó las pirámides de Egipto traídas al escenario del teatro Español ¡Vamos! ¡Una cosa muy grande! Un colega mío dice que la obra es de la tesitura de la de D. José Echegaray Hombre bueno. Pero ¿ha dicho usted texMura? ¿Y eso qué es? ¿catalán también? En otra casa me ha dicho la señora: ¿Sabeusted, Corzuelo, lo que he pensado? -Usted dirá. Hablemos de otra cosa. ¿Han asistido ustedes al estreno de la ensalada lírico- dramática útiúnd El Fantasma de fuego í i oi ¡Ah! ¡Pues ha sido una gran cosa! Y si n o fíjense ustedes en ¡as decoraciones: Cuadro A. -Interior de una gruta subterránea de piedra gris. Cuadro B. -Gruta de piedra negra. Cuadro C. -Decoración de piedra verdosa. Cuadro D. -Interior de una mina de piedra azul. Cuadro E. -Piedra. Desde que hablé con ustedes el sábado anterior hemos estado en crisis y se ha resuelto. ¿Que quién ha subido? ¡Todos! ¡Nadie! ¡Cualquiera! El único que no ha subido es Bosch y Eustegueras. ¡Vuelta á sentarse á la puerta para esperar! ¡Ah! Me dicen que Catalina ha dejado de ser Director de Obras públicas. ¡Ingratos! -dicen que decía. ¿No me quieren en Obras públicas? Pues yo les haré tragar obras dramáticas. y, en efecto, parece que va á escribir ¡a segunda parte de Massanielh Como quien dice: O terror dos íhea iros! ANDRÉS CORZUELO.