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NUESTROS NOVELISTAS BENITO PÉREZ GALDÓS Si se quitara el bigote, seria un lego perfecto. Un lego de mirada viva y penetrante; pero lego al fin. Es uno de los hombres de mayor mérito de este país, y al propio tiempo uno de los de traza más vulgar. Alto, delgado, anguloso, no revela en su envoltura material nada de lo que lleva dentro. Aunque no hubiese escrito más que los Episodios nacionales, ocuparía lugar distinguido entre los grandes escritores. Lo más perfecto, después de los Episodios, es Doña Perfecta. En ese libro, de cortas dimensiones, es donde más grande se muestra Galdós como novelista. Desde que sus amigos (los amigos de Benito) le dieron aquel banquete famoso, se hizo algo comerciante, vendió más caros sus libros, y estiró demasiado algunos asuntos al objeto de extender en dos ótres tomos lo que cabía perfectamente en uno. Algunos creen que ahí principió su decadencia. El único mal paso que ha dado- -en mi concepto- -ha sido el de caer en la vulgaridad de ser diputado. Con la circunstancia agravante de no tener condiciones de charlatán digo de orador. Galdós, formando parte de una comisión de carreteras, ó yendo á una estación á esperar k su ¡efe, es un contrasentido, una desesperante vulgaridad: el continente sin el contenido. JOSÉ MARÍA PEREDA Cuenta los éxitos literarios por el número de libros que ha entregado á la publicidad. No están en lo cierto los que afirman que Pereda es tan sólo un pintor de costumbres unontañesas. Su famosa novela Pedro Sánchez, y alguna otra de la propia índole, prueban elocuentemente lo contrario. H a dado ocasión á que se discuta sobre si la provincia es ó no sitio apropiado para la acción de la novela del día. En esa discusión la Pardo Bazán ha logrado sacar á Pereda de sus casillas. Su falta de galantería en aquella ocasión fué, no sólo disculpable, sino plausible Se ha quejado, con alguna razón, de que los chicos de la prensa no den la debida importancia al movimiento intelectual- -en el orden puramente literario; -pero grandes y chico admiran justamente al eminente escritor, acaso el más correcto y castizo de los tiempos actuales. Alto, delgado, de nariz aguilena, finas facciones y mirada expresiva y penetrante, parece una figura cervantesca. La perilla, sobre todo, le caracteriza, por modo admirable, en íal sentido. Se muestra retraído hasta llegar á ser huraño; pero es ameno y franco en la conversación, y, sobre todo, extraordinariamente sim pático. Eeside en un pueblo de la montaña de Santander. Pero aquí tenemos su espíritu. SANSÓN CAREASCO. X (Dibujo de A. Pons.