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BLANCO y NEGRO 473 En el cuarto tercero. -í Q a é t a l amigo Pérez? ¿H a tenido usted a l g ú n desperfecto en su individuo? -lío, señor de Cañizo. De nada me he apercibido. Únicamente se me han ahumado los anteojos; pero me felicito de ello, porque asi me servirán para ver los eclipses. -Pues á mí hasta se me ha frito la sangre. Yo soy muy tranquilo. E n la otra casa tuve un incendio atroz, y... nada, ni me di por entendido, y eso que hubo desgracias personales. Ya re usted, se quemaron la sala, la cochera y un corredor- ¿Y llama usted á eso desgracias personales? -Sí, señor. Lasala, D. Pedro Lasala, era el vecino del principal. La cochera, era la mujer del cochero, y el corredor, era un corredor de comercio que vivía en el segundo. ¡Ya! ¿Gusta usted descansar? -Mil gracias; me vuelvo al casto lecho. -Pues abur. -Buenas noches. En la prensa del día siguiente. Anoche se declaró un violento incendio en una pastelería de la calle de Ministriles Sufrieron desperfectos varios trastos (incluso el dueño de la casa) y se quemaron tres docenas de bartolillos. Aparte de esto, no hubo que lamentar más desgracias personales que la asfixia de un honrado galápago que se hallaba durmiendo con una sobrina suya debajo del mostrador. Desde los primeros momentos acudieron las bombas, el Alcalde, el Gobernador civil, varios maestros de escuela, el Obispo de la diócesis, la Sociedad de Conciertos y una sección de artillería. Las pérdidas materiales ascienden á la respetable cantidad de cuatro pesetas y setenta y cinco céntimos. JUAN P É R E Z ZÜNIGA. ÍASI S O N -Conque á ver si sigues siempre Los consejos de tu tio; Sé con el débil humilde, Sé con el fuerte atrevido, Sé con los hombres valiente Y con las mujeres fino. Ño adules jamás á nadie, Que la adulación es vicio Propio de seres menguados, Cobardes, viles é indignos. Aunque altanero t e muestres Con los grandes y los ricos ¡No importal mas con los pobres Sé humilde y caritativo. Trata siempre á los criados Con dulzura y con cariño, Y si alguna vez te faltan Dispénsales- ¿SeSorito! MUCHOS! ¡Señor diablo! ¿Qué te ocurre? -Que están ahi- ¿No te he dicho Dosoienias cincuenta veces So imbécil, que hoy no recibo? -Como son la pobre viuda Del otro día y sus niños- -Pues diles que ya estoy harto De sus lloros y gemidos, Y que los mantenga el Nuncio- -Además está el ministro... ¡El ministro! ¿Y ahora esperas Cacho de atún, a decírmelo? Vamos, si Voy, voy á escape Quédate con Dios, sobrino, Y procura seguir siempre Los consejos de tu tío. J U L I O ROMERO G A E M E N D I A