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En el c u a r t o s e g u n d o -Señorito Pepe ¡Cómo ronca! ¡Parece que está serrando madera! Señorito Pepe, ¿Qué ocurre? -Que dice la portera que hay fuego en la casa. ¡Caracoles! De fijo lo ha prendido el casero. ¿Cómo? -Porque ha salido de aquí echando chispas. ¡Ay! ¡Vístase usted, por Dios! -Si no se dónde he puesto los calcetines. -Mire usted que vamos á chamuscarnos todo el ser, y yo no estoy asegurada de incendios. -Ni yo tampoco. Anda, vete á la calle del Perro, núm. 5, á casa de mi hermano Cosme, el arquitecto, y dile que venga corriendo. -V o y señorito. ¡Ajajá! Ya estoy. ¡Jesucristo, qué golpes ¡Y cómo pitan los serenos! ¡Parece que asisten al estreno de una obra mía! ¡Maldito fuego! Corro á salvar á mi encantadora Lola. ¡Cómo estará su madre! ¡Ella que se quema por todo! Ea, salgamos ¡üf, qué humo! ¡Pero qué aturdido soy! ¿Pues no salgo en calzoncillos y con una ratonera en la mano? En el entresuelo de la calle del Perro, núm. 5. -Tilín, tilín. r- ¿Quién llama á estas horas? -Dígale usted al señorito Cosme. que vaya volando á la nueva casa del señorito Pepe, Ministriles, 10, segundo. -Corriente. Irá en seguida. Tjíi (y la criada regresa tan satisfecha, sin fijarse en que ha equivocado el cuarto f Ij y en vez de avisar á don Cosme Cañizo, el arquitecto, ha llamado á D. Cosme Sánchez, especialista en partos laboriosos. -A, En el patio de la casa incendiada. ¡Socorro! ¡Más agua por aquí! ¡Más agua por allá! ¡Hijo! ¡Padre! Abajo esa puerta! ¡Pum! ¡Plaf! ¡Cataplum! -Tras, tras. ¿Quién? -Pepe Cañizo, el vecino del segundo. En el cuarto principal.