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452 BLANCO Y NEGRO quo 61 ha salvado por TÍrtud de su genio digo de su instinto digo... de en fin, de lo que sea. líl caso es que, si no es genio, lo parece en muchas ocasiones. Abarcando la totalidad de su trabajo, queda demostrado sin esfuerzo lo que digo al comenzar: Que es el primer actor. üíl primer actor eminente sin nada de director de escena. Doy comienzo á lo más ingrato de esta tarea: voy á quitar jierro, como se dice vulgarmente. Aunque los timoratos del arte pongan el grito en el cielo, voy á establecer una comparación, que seguramente será profanación para algunos. Vico es el Lagariijo de la escena. O Lagartijo es el Vico del toreo: como ustedes qaieraQj. pero la comparacrón es esactlsima. 3 S 1 maestro es un genio, cuando quiere; pero quiere muy pocas veces. En toda una temporada. suele eatat mblime. cuatro ó cinco tardes. En el resto de las corridas suele estar á la altura de cualquier maleta. Y coajo los Hífetes. cuestan siemprelo mismo A co es, ó parece, un genio en las noches de estreno, en la función de su beneficia. y ea alganas otras noeJies fpoeaiSí en verdad) que está de vena ó de humor. E n e l resto de la temporada suele estar á la altura de cualquier maleta, digo... de cualquier racionista. Y como los billetes cuestan siempre lo mismo velay. Sus partidarios ciegos quieren buscar una disculpa á esa desigualdad del actor. Dicen que no está siempre á la misma altíife; porque goza de poca salud. Efectivamente, su salud no es buena ni tiene en la actualidad las facultades mías que antes tenia; pero él sabe- perfectamente, y lo demuestra siempre que quiere, que las obras n- o se representan á gritos; es más, él ha ganada laueh com actoFdesde que no puede gritar con la extensión que antes lo hacia. Por otra parte, seria muy peregrino eso de que recobrase la salud, como por ensalmo, las noches de estreno, y la perdici a, como por ensalmo también, á la segunda representación. También se da el caso de que en algunas obras se reserve para una sola situación, rezando el resto delpapel; ¿Es queestá- por ejemplo, enfermo en dos actos y medio, y bueno en el último tercio de la comedia? Seguramente la salud no tiene en eso nada que ver. Es que no quiere, ó no está de humor ó cree que no vale la pena eso de ser eminente todos los dias. E n mi concepto, la causa principal de su frecuente apatía es la siguiente: En estos últimos años casi siempre ha sido empresario de sus compañías, ó ha llevado parte en la empresa. AI principiar á vestirse, ha preguntado al traspunte ó al avisador: ¿Cómo estamos de gente? Y si le han contestado: Estamos flojosi) ha torcido el gesto, ha soltado una chirigota, y ha salido á la escena con el propósito deliberado de que aquellos poquitos se aburran y no vuelvan al otro día. Los que pagan su localidad, pocos ó muchos, tiene- n derecho á que el actor haga todo lo que sepa y todo lo que pueda. No hay actor más apasionadamente discutido que Antonio Vico. Para el que le ha visto por primera vez en una noche de estreno, es una eminencia indiscutible. Para el que ha téhido, la. desdicha de recibir la primera impresión en una dé esas noches (que soii muchas) en que él está de mandarina, es un cómioo; adocenado de lo peorcito del gremio. Y ambos tienen razón. La mitad de las cartas que se pierden, Se deben de perder v ha dicho Ensebio Blasco; y si eso es cierto, fué una lástirna que no se perdiera la famosa carta de Antonio Vico despidiép dose del público de Madrid á mediados de la temporada anterior. v El servicio de correos, tan malísimo en España, fué cruel llevando aquella carta á la redacción de El lmpareial. ¡Triste destino el de aquella carta! Las quejas inmodestas contra el público que le volvía la espalda- -porque él no hacía hada para retenerle ni para llamarle; el, desdén olímpico hacia una compañía que se había sacrificado por él; la arrogancia de dar por muerto al teatro Espa. fiol porque él se marchaba y otros extremos de su carta, más graves aun, produjeron pésimo efecto en la parte más sana y más culta de la opinión. Tenia sagrado horror á las obras nuevas, y tenía también, por lo visto, la pretensión de que el público llenase el teatro todos los días para verle representar Gu mán el Bueno, La Muerte cinil. Los Amantes de Teruel y otras novedades por el estilo. -A juzgar por ese eisayo, Dios no ha llamado al eminente actor por el camino del género epistolar, é insisto en creer C iié la carta en cuestión debió perderse antes de llegar á su destino. Restituido nuevamente al público de iVÍadrid, que tanto le quiere, tenemos ahora el gusto de aplaudir á Antonio Vico en el teatro de la Comedia, y hago votos sinceramente porque su estancia entre nosotros sea larga... y ben ciosa para el arte. Para esto último basta silo con que él quiera.