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ue salga, í m saigal Lt itol i Me ú Kn. él delirio exaltado que produjo la representación de t Trovador, todos preguntaban por el mimbre del atol tunado poeta, que babo de pedir ajeno traje para presentarse en las tablas. Esta circunstancia (no la de pedir ajeno traje sino la de salir á escena) que pasó á costumbre, comenzó con el primer drama de García Gutiérrez, estrenado en la noche de 1. de Marzo de 1836. Uteratura española del siglo xix, por el P. Blanco García. no le dé usted vueltas, Sr. D. Ambrosio; desde aquella fecha memorable vienen todas nuestras perturbaciones en el arte teatral, y en lo que lia dado en llamarse, á secas, éxito, sin añadir adjetivo alguno, cuando liay que comprender que la palabra éxito, servida al natural solamente no significa nada, porque el éxito lo mismo puede ser bueno, que puede ser malo. A raíz de ocurrido uno de los crímenes más celebres, entre los que nos han dado tanta celebridad á los españoles, oí esta frase á una vendedora de fósforos, que departía, filosofando. con otra de su clase: -Santo y muy bueno que el chico haya matado á su madre; pero lo que no está bien es que le eche la culpa á la criada. Eso digo yo del autor famoso arriba citado. Santo y muy bueno que García Gutiérrez saliera á recibir los aplausos de un público que le aclamaba con frenesí, porque la obra que los actores tenían realmente la honra de representar era un verdadero prodigio. Por eso aquella concurrencia- -indudablemente numerosa y distinguida- -no cesaba de preguntarse: Pero ¿quién es el nuevo autor, quién es el atrevido? Para contestar á lo cual, tuvo que presentarse el ya ilustre dramaturgo, diciendo con su presencia: Soy el hijo del genio, y pertenezco á la aristocracia del saber. Y no se sonría usted de esa manera, como queriendo decirme que la claque tomaba parte en aquel acontecimiento, porque entonces, ó no se conocía esta institución, temible y respetada hoy, ó era menos insolente que en la- s actualidad. Ello será lo que quiera; pero desde aquella fecha (y esta e mi matanza, como dice la gente del pueblo) de veinte obia que se representen, en diez y ocho es llamado á escena, sm motivo que lo justifique, el autor para colmarle de aplausos v de parabienes. Las Empresas creen asegurar y defender sus intereses pagando aplaudidores de oficio, cuya misión no es otra que la de celebrar, por medio de manifestaciones de toda clase, cuanto oyen y ven en escena. -Oiga usted- -suele decir el empresario al jefe de la claque, -esta noche es necesario apretar. La Empresa ha gastado una fortuna en el decorado de la obra, y es preciso sacarla adelante. En cuanto aparezca el coro de señoras vestidas de desnudas, ha de oirse en la sala un aplauso nutrido y espantoso, pidiendo que salgan el autor, el. pintor, el músico, el sastre y el peluquero, á los cuales liarán ustedes presentarse cuatro veces.