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BLANCO Y NEGRO 411 gría puede encontrarse en las tardes rosadas de la primavera, el de la melancolia se halla en el día siguiente al en que se terminó la vendimia. Meléndez Valdés, el heredero de Anaoreonte y sus delicadezas, ha encontrado en la vendimia fuente inagotable con. que refrescar de continuo su imaginación y su fantasía, y Salvador Rueda, buscando las nimiedades en que son pródigas las escenas del campo en tiempos de aquélla, poetizando los rastrojos, los hilos plateados de la araña, las burbujas del vinagre, el sonsonete de moscas y cigarras y el hedor de los lagares, continúa la obra apologistica de la vendimia. Cada mosto parece que conserva en su aroma algo de lo típico de la tierra que con sus jugos le dio vida y sustento; y así como el del Ehin parece evocar cuantos románticos ideales y fantasmas vaporosos surgen de las ondas de sus misteriosos lagos, el nacido y coloreado bajo el sol de la Champaña recuerda la alegre y chispeante música de la Francia de café cantante, el crujido de las sedas y gasas que pasean por los escenarios las artistas de vaudeville, y el aspecto del Sena on los días festivos, rizado por la estela de espuma que dejan tras de si los vaporcitos pletóricos de gente alegre, y el sacado de las viñas sanluqueñas lleva diluido en sus ondas de oro el cielo y lá luz de Andalucía, la hermosura y la gracia de sus mujeres morenas como gitanas, y los perfumes de las campanillas moradas que festonean las rejas, y de las purasfloresde los naranjales y limoneros. Los cantos de la vendimia son á la naturaleza lo que al día la oración de la tarde, CABLOS OSSOBIO Y GALLARDO. LA DANZA MACABRA El Barón mandó enganchar. En el patio de la casa solariega, atrincherado baluarte defendido por arrugados pergaminos y ejecutorias de los ascendientes del aristócrata, piafaba, tascando el freno, un hermoso tronco de alazanes, muy pagados de ostentar en el correaje las iniciales de su poderoso dueño y señor. La tarde, una tarde gris, invitaba al spleen, á la comodidad de la chaise longue, á la taza de café y aromático habano, á todas las devociones de la pereza; mas el Barón, admirador entusiasta, dilettanti, trocaba muy á gusto las ociosidades del gabinete por un rato de buena música, y aquel día daba su primera sesión musical en el teatro Keal la Sociedad de Conciertos El timbre anunció la salida del Barón; apresuráronse el cochero y el lacayo á abotonarse los levitones y á subir al pescante, el primero adoptando una actitud tiesa por su elerado cargo, y el segundo con los brazos cruzados sobre el pecho la eterna postura del lacayo. La berlina partió, y á los pocos minutos el Barón pisaba ú foyer del teatro; cambió saludos, devolvió apretones de manos, sonrió más con la mirada que con los labios á dos ó tres conocidos, y ocupó su butaca.