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BLANCO Y NEGRO 409 llega, por ejemplo, al final del tercer acto de Frou- Frou- -donde la dama padece casi un vértigo de locura, y lo comprende, lo apunta pero no llega- -por falta de nerviosidad y de fuerzas físicas- -al completo y perfecto desarrollo de la situación. No es esto decir que esté mal en dicha obra, nada de eso; está bien, pero no está sublime, j yo la juzgo cómo á una eminencia y procedo por términos de comparación. Compare, pues, la Tubau, su éxito de FrouFrou con su éxito de Divorciémonos, j habrá de reconocer forzosamente la verdad absoluta de mis afirmaciones. Tiene completo dominio de la escena, práctica asombrosa en el arte de la declamación, y todas sus creaciones llevan el sello de la verdad y de la naturalidad. La riqueza de detalles, el delinear los caracteres que interpreta, jamás la lleva, ni por asomo, al amaneramiento y practica el gran arte- -por vocación y por devoción- -aun en las obras de menor cuantía. Tal es María Alvarez Tubau, como actriz- -salvo error ú omisión. m Fuera de la escena es casi tan agradable como en la escena misma. Su trato es encantador, y ese don de gentes que tiene como actriz, lo posee quizá en mayor escala como particular. En sus relaciones profesionales- -por decirlo así- -hay de todo; que no es una balsa de aceite- -ni mucho menos- -la esfera teatral, y el éxito continuado tiene tristes envidiosos y crueles enemigos. En este terreno varía el trato de Mariquita, según las circunstancias. Cuando cree tener motivos- -ó realmente los tiene- -es finamente agresiva. Tan finamente, que muchas veces, después de una agresión Ae. María, el agredido se ve obligado á darle las gracias si está bien educado y es hombre de mundo. Cuando consagra su ingenio á la propia defensa en la batalla de la conversación, es, en verdad temible de cuidado como se dice ahora. Estoy seguro de que en la intimidad del hogar doméstico (donde se desvive por sus chiquitines) le dirá María á su esposo en más de una ocasión: -Hoy le he puesto una banderilla á Fulano. Y mi dulce amigo Cefcrino, que está embobado con su mujer (y que tiene razón para estarlo) replicará seguramente: -M. l hecho. No pongas nunca medio par; eso deslace la suerte. Las banderillas se ponen á pares y de frente. Y ella es muy capaz de seguir el consejo. CÓRCHOLIS. m UN FANTASMA Sus diminutos dedos de marfil. Arrancando armonías tan extrañas, Que nadie las ha vuelto á repetir: Espiraron las notas; torva, rígida A levantarse íué, Y en un golpe de tos, gotas sangrientas Llegaron el teclado á enrojecer. La última vez, llevóme hasta su reja Esa incierta y medrosa claridad Que los tristes blandones dé los muertos Al declinar el día suelen dar; Miré por las persianas entreabiertas, Y á su indecisa luz Vi sus manos cruzadas sobre el pecho, Bajo el negro cendal de un. ataúd. BESITO MAS Y PKAT, Era pálida, rubia; apenas pude Escuchar los acordes de su voz; kSiempre pasó ante mi como un relámpago, Y no os puedo decir si me. miró. Kxtraña es la memoria que conservo Hoy de aquella mujer; Y aunque vive también con mis fantasmas, No comprendo por qué. La vi tres veces: la primera estaba. Do la luna á la tibia claridad, Reclinada en su reja, deshojando Los Cándidos capiillos de un ros, il. Cada vez que las auras esparcían Los restos de una flor. Dos lágrimas saltaban de sus ojos. Espléndidos y grandes eomo el sol. La segunda oprimía en el piano