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BLANCO Y NEGRO 407 Se hace la boca agua- -que dice el vulgo- -al recordar aquel cuadro de compañía, aquel conjunto admirable, perdido ya, y que, por las trazas, no volveremos á ver. María- Tubau, Balbina Valverde, Lola Fernández, Emilio Mario, Julián Eomea, Bicardo Zamacois y otros artistas discretos y agradables, qué seguramente recuerda el público, hicieron la más lucida campaña que se ha verificado en los tiempos actuales. La inteligente dirección de Mario y su política habilidosa, aunque un tanto fría, mantenían el equilibrio entre aquellos cinco elementos, muy abonados para chocar entre sí- -aunque ellos digan otra cosa. La Tubau hizo cosas muy bonitas y realizó verdaderas creaciones. Al mentar las creaciones artísticas de la Tubau, es imposible no hablar de Una criolla, producción delicadísima y muestra gallarda del genio de un gran poeta que, cargado de años y de gloria, aun encontraba bajo la nieve de sus venerables cabellos la nota de la ternura, el fuego del entusiasmo, la dulzura del sentimiento, y la gracia cultísima y ática de un espíritu superior que siempre llegó á donde quiso- -por alto que pusiera su pensamiento- -en alas de su imaginación poderosa y de su opulenta fantasía. La obra peregrina del inmortal García Gutiérrez halló una inte rprete fidelísima é inspirada en María Tubau, y puede decirse que Una criolla fué la base de su reputación. Hizo época, como suele decirse. Otros muchos papeles de diversos géneros (siempre dentro de la comedia) interpretó después con rara perfección, y cuya lista sería interminable. Merecen, no obstante, especial mención, por razones también especiales, tres obras, que ha representado con amare: Carrera de obstáculos, El guardián de la casa y Cariños que matan. El autor de esas tres obras, Ceferino Palencia, se ha encerrado poco después en un silencio tenaz, pertinaz y hasta sospechoso. ¿No quedó satisfecho de la intérprete de sus obras? Tan satisfecho debió quedar, que acotó la actriz (si vale la palabra) y se casó con ella. ¿Es que no se atreve á luchar con su propia reputación después de haber rayado tan alto? ¿Es que por un refinamiento de cariño ya no le importa más que la gloria de su mujer, y al cultivo de esa gloria se consagra por manera absoluta? Dejemos al autor desdeñoso (nunca desdeñado) y volvamos á la actriz. No sé si por diferencias con Mario, ó por el deseo de emancipación, innato en toda criatura (mayormente si es una criatura de talento) hace algunos años que la Tubau so separó de la compañía de la Comedia, y desde esa separación campa por sus respetos. Compañía de María A. Tubau, bajo la dirección de Ceferino Palencia. He ahí la razón social de ese matrimonio de artistas que, por lo menos en eso, llevan razón (razón social) Después de una breve campaña, ó más bien escaramuza, en la Alhambra, Apolo y Comedia (en este último teatro mientras Mario actuaba en la Princesa) se fué la Tubau á Barcelona, en cuyo teatro Principal ha hecho dos ó tres buenas temporadas, pasando luego á la x umérica del Sur, donde, si la crónica no miente, ha hecho furor y ha hecho dinero. Su reaparición en Madrid, verificada en el teatro de la Princesa, ha sido un acontecimiento. ¿Y cómo no (que dicen los americanos) si se trata de una actriz distinguidísima, elegantísima y simpatiquísima? La Tubau merece en justicia los aplausos entusiastas del público casi siempre. Los merecería incondicionalmente y á perpetuidad si no tuviera el inexplicable capricho (ó la necesidad) de interpretar ciertas obras. En mi humilde opinión, no está en el drama á la misma altura que en la comedia. Hablo del drama j 5o r todo lo alto (si puedo expresarme así) y cuyo desempeño más es cuestión de pulmones que de genio dramático. La Tubau no puede, en mi concepto, abordar las altas situaciones genuinamente dramáticas. Inda dablemente, tiene talento para comprender esas situaciones pero no tiene fuerzas físicas para lograr que sus medios de expresión lleguen al auditorio con el vigor necesario. Tiene, no obstante, grandísima habilidad para sortear ese género que está fuera de sus condiciones. La Tubau ha ganado bastante como actriz, y está en la plenitud de sus facultades, en el apogeo de su gloria; pero dentro de lo que ella puede y sabe hacer. La Cipriana de Divorciémonos es el más perfecto regulador de su talento y de sus condiciones. E n obras de esa índole puede competir con quien quiera, dentro y fuera de España, segura de llevar la mejor parte. En las obras de medio carácter, y aun en las comedias dramáticas, os una verdadera eminencia; pero