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TEATRO DE LA PRINCESA MARÍA EGIPCIACA SANTISTEBAN Con to 3 as estas cosas, con estos sueños de ambición, Alberto se ha olvidado de i l a r i a y de sus coplas, y ésta viene, con la fogosidad que le es peculiar, á recia- COMEDIA DRAMÁTICA EN T E E S ACTOS DE D. R A F A E L GARCÍA ESTRENADA LA NOCHE DEL 21 DEL CORRIEXTK Estamos en Panamá, en la época en que los accionistas andaban de cabeíia y en que los obreros llevaban cnatro meses sin percibir sus jornales. Líi coga no podía estar peor. Esto no era obstáenlo paraqi- e Alberto, capataz de l- is obras, y ¿ombre estirado si los h a y se pasara los mejores días Oc su Yida oyendo cantar copias á M a r í a Egipciaca, una joven criolla, huérfana desde los quinceañosydt f de entonces abandonada á sus propios instintos, un t a n t o levantiscos y vehementes. Y cantando é; ta y escucbando aquél se hubieran pasado la existencia, como la cigarra el verano, á no venir un suceso de importancia á t u r b a r aquella filarmónica calma. L na viuda joven m. Mi y guapa, y po 1- ventura rica y española, está á i. a. nlo de perecer en un naufragio. Alberto, que ve el peligro, se arroja al agua, la silva y, naturalmente, se enamora de ella; pero ¡ay! que la posición de ambos es muy distinta. Mas ¿qué importa? Alberto e s t á n ambicioso como estirado, y se propone escalar lacirna, llegar arriba sin reparar en los medios. Precisameníe los obreros e ítán ya fiispuestosá echarse á la calle en demanda fíe lo que se les adeuda. Alberto es el orador favorito íie las masas. í Por qué aquellos braceros del canal no le h a n de servir de primer escalónV Su sueño dorado es subir, subir mucho, y así lo dice á la joven viudita, que ha venido á cnsa de 511 salvador á despedirse de éste y de su padre, modesto tornero sin aspiraciones, porque aquel mismo día m a r c h a á Europa, mar su derecho de prioridad oyéndola su. s copliías. ¡Para coplas está ól! Los obreros amotinados, reclaman la presencia de su orador; él, abandonando á su padre y á María, corre al iado rie sus compañeros, entregándose á todo género de excesos. El padre, el modesto tornero, á quien no agradaban estss algaradas, y mucho menos que sn hijo lomara parte en ellas, tiene u n disgusto t a n grande que quizÉLS por ser el primero de su vida, ó porque ya no es necesario para lo suce- ivo, muereinmcdiatamenle. Ya saben ustedes que Alberto, el estirado Alberto, es un ambiciosillo de tomo y lomo, y hombre, además, poco escrupuloso. Parece ser, porque en esto no están muy explícitas las crónicas, que cuando el motin estaba en su periodo álgido escurrió ei bulto, metiéndose en un barco con unos 1 tejos que no debían de ser m u y suyos, Pero sea de ello lo que quiera, el hecho es que llegó á París con propósiró de estudiar la carrera de ingeniero mecánico. La estudió, si, Eeñor, y además inventó u n a máquina de enhebrar agujas que era u n asombro, t a n t o que el Gobierno inglés quería adquirirla á ún prrclo e l e v a d i s i m o Once años tardó en hacer estas cosas y en encontrar la viudita española casarse con ella y apoderarse de su f o r t u n a que no era moco de pavo. María quedó en P a-