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¡Nada! ¡que no es posible saber en qilé consiste la felicidad! Parecia, nos que á un liombre para ser Feliz le bastaría, v. gr. con llegar á ser califa: pues ni aun eso. E s decir, el califa de Khartum no lo es. El buen liombre ha querido medir el tiempo (que es una de las cosas que los hombres toman á la medida) y para ello ha llevado á su casa nada menos que 700 relojes. ¿Y qué resulta? Lo mismo que hace siglos le resultó al gran Carlos Y que cada reloj señala su hora y que con tener 700 relojes, el califa de Khartum no sabe qué hora es. Pero, señor, ¿cómo entenderá ese hombre el oficio de califa? ¿tiene más que sujetar el tiempo y señalar las horas por Eeal decreto? Si yo fuera califa serían las doce cuando á mí me diera la gana, y me pasaría sin reloj. Verdad es que yo me escamo. SiKfiartum quiere decir, traducido al español, Cartón, la cuestión yaria. Un califa de cartón, ¿que puede dar de si? Llega una pei Sona con lina dolencia, busca la ranura correspondiente á ésta, echa una moneda, y la figura entrega una medicina y una fórmula impresa indicando la manera de tomar el medicamento. Boca abajo los médicos y los boticarios y las cuentas fabulosas y todo el anticuado sistema actual! Eso sí; si se descompone la máquina, puede usted pedir una medicina contra el dolor de muelas y le darán á usted un ungüento contra los sabañones. Pero, ¿no se descomponen también los médicos do carne y hueso y equivocan las medicinas? Lo que hay es que contra la máquina puede usted desahogarse haciéndola pedazos, y contra el médico vivo, no. Como no quiera hacerse simpático á la? aguadoras del Prado. Que ¡eso sí, las hay guapas! ¡En qué cosas se entretienen los hombres! En la plaza de Amorevieta se va á dar un espectáculo que consiste en la lucha de dos carneros bravos. Es hasta donde puede llegar la torpeza humana. Estarse siglos y siglos calculando para que habrá puesto Dios en el mundo á los carneros, y dar por averiguado que la misión de los carneros es acometerse unos á otros para que el hombre se divierta. Apuesto cualquier cosa á que si los carneros discurren, hacen más justicia á Dios y más honor á los hombres. ¿Se han fijado ustedes en esas básculas automáticas que hay en algunos teatros, las cuales son tan serviciales que echando por una ranura una moneda de 10 céntimos, le ofrecen á usted un objeto que no sirve para nada? i Oh, qué maravilla! Pues en Holanda hay un sujeto que ha dado á esos aparatos una aplicación más iHil. Há construido una báscula que tiene el aspecto de un médico (porque los médicos tienen un aspecto especial) En diferentes partes del cuerpo hay diferentes ranuras, señalando cada una una enfermedad común. ¡Ese picaro Cupido! Un amante desengañado del mundo y celoso de su amada, ha tomado una disolución de fósforos, y... ¡claro! después ha tomado un vomitivo y ha echado los fósforos fuera. Pero señores Romeos y Medoros, inventen ustedes otras parodias de suicidio, porque ¡cuidado con el saborcito que dejarán los fósforos en la boca! ¡Echa, patas de demonio! Dos vecinos de Denia han apostado á beberse 62 cántaros de agua cada uno. El que se canse de beber agua más pronto pagará 50 pesetas y una merienda. Un colega califica de bárbara esta apuesta. ¡Y lo es! Porque habiendo vino Vamos á ver, ¿qué utilidad puede reportar á la sociedad un hombre que beba mucha agua? ¡Ah, ya se me olvidaba! Clarín ha puesto á la venta otro de sus deliciosos folletos literarios, titulado Un Discurso. ¿Quieren ustedes saber lo que es canela superfina? Pues compren el folleto Un Discurso. También se ha puesto á la venta un libro de Taboada, titulado La Vida cursi. 2 Í 0 se puede leer de un tirón porque la risa le pone á uno malo, pero ¡aquello si que es gracia! Xo hay sino ver la portada en que ha echado un puñadito de su sal Ángel Pons. ¡Señor! ¡Y que habiendo en España un Clarín, un Taboada y un Pons, haya todavía gentes empeñadas en averiguar lo que piensa Isasa! ¡Qué ha de pensar Isasa! Y además, ¿qué nos importa? xiNDEj- s C O R Z U E L O