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IÑlERyíEWiSES te 4, S. Í, 4 S- S: -Jfrí- -7; Como si dijéramos: Entre vivos. Es traducción librepensadora del inglés. He observado, y ustedes tambie n lo habrán observado que es de última moda eso de la interview con cada peisonaje, y con muchos que aun no lo son, y con varios que ya no lo fueron, en cuanto sobreviene cualquier asunto político ó administrativo. Que sube el carbón. Interview con los apreciables farrucos que traen el calórico sobre Madrid Y la prensa publica las opiniones de Canato de Tal, almacenista en negros de encina ó de cok. No estoy habituado á esta clase de manifestaciones- -nos dijo con su proverbial galantería y animándosele el ennegrecido rostro cuando conversaba. -Pero he leído algo en La Correspondencia de España y algunos folletines de otros periódicos igualmente ilustrados, y llevo veinticinco años, arroba por arroba, en el arte de la carbonería. No soy de los que creen que el carbón sea la primera materia, ni menos que se halld comprendido en el grupo de los artículos de comer y beber, pero sí en el de arder, sea cual fuere el Gobierno que nos administre. Sin embargo, opino que hay poco intere s én nuestros hombres políticos en asunto de tal trascendencia, y creo que no perderían nada en ocuparse de tan vital cuestión. ¿Qué es el sol? Ya lo habrán leído ustedes, un carbonero gigantesco, que arde hace algunos años, y aun no se ha extinguido del todo. Un impuesto sobre el carbón, que es calórico y, por lo tanto, fuente de vida, es un absurdo. 5) La clase de carboneros siempre ha pesado mucho en sociedad. ¿Y cuántos carboneros han llegado á escalar el solio municipal? Varios. Y así sucesivamente. Se trata de cereales, y los tahoneros, por principios y convicción, omiten sus opiniones en la prensa y en la tribuna. En política no hay para qué decir lo que ocurre. El repórter persigue á cuantos señores tienen voz y voto, para sonsacarles su parecer particular. -Ayer tuve ocasión de perforar al ilustre hombre político Sr. H N. que, como usted sabe, ha venido á bañarse en el Cantábrico, en unión del consecuente observador Sr. X. que viene á ver bañar á su amigo, asi como van los interesados á ver bañar á sus perros. La opinión de D. Fulano concuerda con la de cualquiera. -No conozco- -nos dijo- -la carta de Europa exactamente (lo cual ya sabíamos) ni las cartas de Tomás Moro, ni aun las cartas de Talleirand á Currito Arjona. Pero tengo tal dosis de talento, que puedo asegurar á usted que no habrá guerra. Conozco al hombre y sé que las pasiones le extravían; por lo cual, nada tendría de particular que se vinieran á las manos. Ahora bien: ¿cuál puede ser el desenlace de la enmarañada cuestión? Dios solamente y Noherlesoom, que es su profeta, pueden saberlo. Por lo pronto, se sabe que puede haber guerra, y que puede no haberla. Yo soy de esta opinión. ¿De cuál? -preguntamos á D. Fulano.