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TEATRO DE LA COMEDIA N LIBRO c: VIEÍO COMEDIA EN TRES ACTOS, DE D. J. FELIU Y CODINA, ESTRENADA LA NOCHE DEL 17 DEL CORRIENTE Don- Eugenio es un sabio bibliófilo encanecido en cl estudio de la arqneologia y la numismática, que vive consagrado á la confección de u n a obra monumental que h a de dar días de gloria á su p a t r i a La Recornírucción histórica y geográfica de la Expañfí árabe. Una obra de verdadero empeño, on que el autor ba fijado las esperanza. é ilusiones de sus sesenta íuviernof. Habia ido á parar á manos de un canónigo, que muere inmediatamente después de leerlo; tal y t a n interesante t r a el contenido ei libraco. Do manos del ca ónigo (q. G. p d. pasa á las de un sobrino suyo que se dedica á la explotación de 10. pimientos morrones en Calnhoi ra. el cunl sobrino, sosncchando el mérito y valor doi legado de su t í o se presenta en casa de í) Eugenio famoso or su competencia en tales asuntos, para que le di ra si en efecto son fundadas sus sospechas; por donoc D. Eugenio vuelve á. tener su preciosa joya, que ya desesperaba le encontrar Da largas al muchacho de IOH pimientos; es precise que ól piense un e n g a ñ o un ardid, y sobi e todo quiere alejarlo para poder examinar á sus anchas el preciado tesoro. Y ya se disponía á hacerlo, en compañía de otros distinguidos bibliófilos, y con grave riesgo de su mujer, cu ndo se presenta el estirado mister Beeders, citado pai a la lectura de La Reconstrucción hislórica y geográfica de la spam áral e. á l l La bella esposa de D Eugenio consagra, en cambio, sus veinte primaveras á querer con todas las veras de su alma á Germán el secretario de su esposo, mozalbete guapetón y elegante, y á ratos poeta de altos vuelos. En el momento que los conocemos no son muy felices que digamos. Ella, Eulalia, cometió la insigne torpexa de escribir una carfca para el secretario poeta y de dejarla entre las hojas de u n libraco viejo, que luego resulta u n señor libro, u n incunable, uu líelius dónalas de inestimable valor, y que precisamente liabiadesaparecido, robado sin duda. Llega á Z Iadrid por aquel entonces u n mister Beeders escocés y bibliómano que h a gastado una fortuna de muchos millones e n f e r m a r u n a biblioteca originalisiaia de ejemplares únicos, su verdadera chifla. dura. H a tenido noticia de la existencia de u n segundo ejemplar del Helias donatas, y viene decidido á adquirirlo y á hacerlo parecer para que el suyo sea el único. Muy interesante debia ser la lectura de esta obra; t a n t o que cl mismo D. Eugenio, autor de ella, se duerme profundamente, dando lugar á que su mujer robe el incunable consabido, aunque sin tiempo para extraer la carta porque en aquel momento despierta el bibliófilo, obligando á aquélla, la mujer, á arrojar el libro e n t r e otros- muchos de la estantería. El de los pimientos de Calahorra á quien ya h a hecho proposiciones mister Beeders, viene á reclamar su obra, su incunable la herencia de su tío el canónigo q e. p. d. -Don Eugenio está dispuesto á no soltar prenda t a n fácilmente, y dice al chico que indudablemente padece un error, que el libro que reclama no es el en cuestión y otra porción de sutilezas que no hacen mella en el de los pimientos en conserva. Conoce muy bien el libro y lo ha examinado con detenimiento, y para demostrarlo señala detalle por detalle todas las macas y roeduras uon que el tiempo y los ratones habían adornado sus páginas. Más todavía: e n t r e ellas había una carta que seguramente no pertenecía al libro, puesto que era de amor y estaba escrita por una mujer. Precisamente es a n t i g u o amigo de B E u g e n i o á quien cuenta su propósito. Couque u n Helñis donaíus? ¡Habráse visto casualidad mayor! El mismo libro q u e d e n Eugenio cree tener m u y escondido en su biblioteca. Pero ustedes ya saben que no. El libro habia sido robado, y lo que es peor para Eulalia y el secretario p o e t a con el incunable habla también desaparecido la carta, que probablemente andaría por esos mundos de Dios pregonando t a n infames amores. Se hacen gestiones, se recorran los puestos de libros viejos, se revuelve el qielo y la tieri a, y nada; el libro no parece.