Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
RECUERDO Al frente del retrato de este hombre singularísimo, cuya repentina muerte ha provocado una verdadera explosión de pena en todas las clases sociales de Madrid quisiéramos poder condensar cuanto con este motivo han dicho estos días los periódicos: datos biográficos, ane cdotas, rasgos de ingenio, frases, genialidades y hasta invenciones referentes al jiopular madrileño que acaba de abandonar la vida después de haber resuelto el difícil problema de darse á querer hasta de sus mismos adversarios. Este milagro lo realizaron su gran corazón y sus prodigalidades, que alcanzaban á cuantos le conocían y le conocía todo el mundo. Sa cualidad más sobresaliente era una actividad pasmosa, que le forzaba á vivir más tiempo en menos tiempo que los demás. Pudiera decirse que el día contaba para él cuarenta y ocho horas por lo menos, y en todas partes se l eí. 1 encontraba, como si poseyera el ¿l 1 don de la ubicuidad. Empleando un símil en relación perfecta con el arte que ejerció en sus juveniles años, la naturaleza de Ducazcal era una máquina de imprimir construida para dar mil ejemplares por hora, y él la obligaba á producir el doble. La máquina hubo de inutilizarse como es natural, antes de tiempo. Desde que era empresario de los Jardines del Buen Retiro aumentó su popularidad, especialmente entre las señoras, que no sabían cómo agradecerle sus bondades peimitiendoque entrasen gratis en aquel ameno recinto familias enteras. Y aqai- viene como de molde, para terminar, una anécdota, ya que el género parece estar de moda: Cierta noche de Ju io se lamentaba con nosotros el simpático empresario, á la puerta misma de los Jardines, de que el mal tiempo dificultase la explotación de su negocio. ¡Si tengo yo una suerte! -nos decía. -A mí no me quieren bien por allá arriba. En aquel momento entraban sin billetes una porción de alegres jovencitas, precedidas de una señora anciana. -Y eso que yo- -añadió Ducazcal señalando al grupo- -dejo que entren aquí gratis, como usted ve, desde Santa Rita hasta las once mil vírgenes. ¡Pobre amigo nuestro! ¡Descanse en paz! EDUARDO S DE CASTILLA.