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Queramos ó no queramos, la igualdad se impone. No la igualdad ante la ley, sino la igualdad ante los males sociales; es decir, la igualdad ante los robos. i Qué demonio! Por alguna parte hemos de empezar. Digo eso, porque en Bilbao han robado á una princesa todas sus alhajas. ¡A una princesa! ¿Dónde vamos á parar? Porque hasta ahora los principes inspiraban cierto respeto, y las plagas sociales se quedaban entre nosotros los no príncipes. Por supuesto, creo inútil decir que no han cogido á los ladrones, ¡no faltaba más! Ya que no otra cosa, hay que respetar por lo menos la costumbre. Yo quisiera, sin embargo, que hubieran echado mano á ese caco de los palacios, porque hubiera sido curioso el interrogatorio judicial. Eljtiez. ¿El acusado se dedica solo á robar á personas distinguidas? El acusado (con acento declamatorio) i A h! no, señor juez; soy un poco romántico. Desde la princeí- a altiva A la que pesca eu ruin barca que so ha quejado Je e os olores, diga que si un extranjero entrara en Madrid estos días, creería hallarse en una población inirestada. i A h! Para eso no hace falta ser extranjero. Mis narices son nmy patrióticas y se me han quejado de eso del olor. Ha habido ciuien ha echado la cuenta do lo que se debe á los maestros de escuela. ¡Una friolera I i Ocho millones y pico de pesetas. Gomo ustedes observarán, el hambre que representan los 82 millones de reales inspira un horror que debiera dejarse atrás el horror inspirado por las desdichas de Consuegra y las del choque de Burgos. Pero la humanidad es así. Para conmoverse necesita también su poquito de decoración teatral. E u lo de Burgos, hay un montón de astillas y de hierros torcidos; en lo de Consuegra, hay montones de escombros y muebles destrozados; en los ocho millones de hambre, ¡ni siquiera hay decoración! Lo peor de todo es que para los maestros de escuela no hay esperanza de cobrar. Y es que como aunque no se pague, los chicos siguen aprendiendo á leer y á escribir! ¡Claro! Resulta inocente pagar lo que podemos obtener gratis. Pero ¿saben ustedes qué sobresueldo xa. á disfrutar ese empleado? i Una futesa! Cuarenta Í cinco duros diarios. ¿Qué demonios va á comer ese hombre que tanto sobresueldo necesita? Sobre todo, que hablen con propiedad. A eso no se le debe llamar sobresueldo, sino sohrasueldo. Por supuesto que esos sobresueldos tan espléndidos tienen el inconveniente de lo que engolosinan. Ahora todos los que vayan á un Ministerio á pretender contestarán lo mismo á la pregunta consabida. Y usted ¿qué quiere ser? -Pues yo mire usted, de no haber otra cosa, que me den una plaza de inspector do fabricación de billetes con sueldo y sobresueldo, y ¡yo me las arreglaré como pueda! Cosas de Gracia. Gracia es un pueblo anejo á Barcelona. Pues en Gracia han suspendido al Depositario de fondos municipales. ¿Por qué? Pues porque los tales fondos municipales han desaparecido. ¡Claro! No habiendo fondos, sobra el Depositario. ¡Y la medida tiene gracia! ¿Saben ustedes á quién han robado? Al jefe del Cuerpo de Seguridad de Madrid. Pues debían hacer con ese Cuerpo lo que con el Depositario de fondos municipales de Gracia. ¿No hay seguridad? Pues sobra el cuerpo. Ya que para vivir en santa calma está demás el cuerpo basta el alma! ANDRÉS COEZUELO. Ün periódico ha notado quo en Madrid huele mal. Francamente, eso ya lo había yo notado hace tiempo; pero me hacía el disimulado. En lo quo no estamos de acuerdo es en el origen del mal olor: el colega lo atribuye á las cloacas, y yo creía que eso procedía de ciertos periódicos que se venden por ahí, escritos sin rubor é ilustrados sin andarse en conveniencias sociales. Pero, en fin, puede que sean ambas cosas: las cloacas y las publicaciones aleffres. Lo que me extraña es que el colega Sepan ustedes que en Londres van á fabricar unos billetes- moneda para ponerlos en circulación en Cuba. ¡Bueno, por mi parte! Y sepan ustedes que para inspeccionar esa fabricación ha nombrado un agente el Ministerio de Hacienda. Hasta ahí todo va bien.