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OR $0. JDILIO HIwSTÓRICO- MARÍTIMO ABRÁ quien lo dude, pero así La sucedido en San Sebastián en el verano (le este año sin gracia de 1891. Julita, la delicada madrileña de tez blanca, ojos azules y rubios cabellos, se enamoró á todo vapor del bañero que la acompañaba en sus diarios remojones y la sostenia para resistir el violento empuje de las olas, codiciosas de enfolver en un círculo de agua aquel débil cnerpo que (omenzaba á sentir los primeros escalofríos del amor (estilo naturalista loderno) ¿Y era guapo á lo menos el tritón do aquella xlnfitrito? Ya lo veremos. Cuando la patrona de la casa en que yo paraba en la ciudad donostiarra me dio cuenta de aquellas, relaciones marítimas, me dediqué á espiar á ma pareja tan metida, no en harina, sino en agua salada. Supe que la inmersión de la niña en al piélago undoso (estilo antiguo) se erificaba (no diré tenía lugar para que no se enfade mi amigo Cañete) á lis once de la mañana, y corrí á la Concha para fisgar aquel dúo de Julieta y Eomeo en remojo, aquella peladura de pava en pleno Océano. Desnúdeme, vestíme el traje de etiqueta balneario, entre me en los dominios de Neptuno y coloquéme en la cuerda que á ambos sexos bañistas separa. Qué párrafo tan bonito, ¿eh? Disloquéme. Al poco tiempo de espera vi salir de su caseta, habilitada para la brega acuática, al faro de los ensueños del bañero, seguida de su mamá, señora de muchos ensanches, de tardo andar y acompasado movimiento. Julita estaba monísima. Ocultaba sus encantos personales en un trajecillo de lanilla á cuadros de medio carácter, porque la chaquetilla con caídas cumplía á medias su misión de encubridora, los pantalones la llegaban á media pierna, las mangas á medio brazo y el escote á medio frente. Hallábase anudado en forma de cogollo su rubio cabello al pico de su cabeza, que sin capacho desafiaba las caricias del sol. Tendió la vista por la aguada (no siempre ha de ser la explanada) con la msiedad del que busca algo que le interesa. -Valentín- -gritó la mamá, -ya está la niña. Y una voz más atiplada que varonil contestó desde el seno de las olas: -Ir por ella, hai. Bai quiere decir sí, y es la muletilla de todos los vascongados, ó bascongados, como ahora se escribe. Minutos después, y sudando agua, so presentó ante mi vista el Tenorio de Julita. ¡Qué decepción! Creí ver al bañero de tipo legendario, de anchos hombros y atlética figura, de tostado rostro y numeroso y nunca peinado cabello, mezcla de lobo de mar y de pirata en vacaciones, y sufrí un desencanto horrible. Valentín tenía en todo su ser una, feminilidad impropia de su profesión. Ni muy alto ni muy bajo, de formas proporcionadas y relativamente fino, me hizo sospechar entonces si sería algún imitador del gomoso de Niniche, que se disfrazaba de bañero para tomar á peso á sus amigas. Ojos grandes, negros y expresivos, daban animación á su rostro, moreno y correcto, y un escaso bigote con los mostachos retorcidos sombreaba el labio superior de su cara, desnuda de barba por completo. Llevaba el pelo casi cortado al rape, signo de limpieza occipital, exigencia sin duda de la Dalila de aquel Sansón aguarackado.