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EN PÚBLICO Y EN PRIVADO UElosisnio seria el estudio que se hiciera de las contradiccionois humanas, especialmente al fijarse el ohseryador cii las personas que. por tener doble representación en la sociedad, se exponen á desmentirse a si propias treinta veces por minuto. Por si algún aficionado se resuelve á verificar semejante estudio, aquí le oürezco varios apuntes: Ji? Y a es tiempo, señor yerno, de que acabe la tiranía de usted para con mi pobre Inja; ya es tiempo do que cambie de bisiesto. -Pero mamá sueffra- -Basta, caballero: esc titulo de mam; en sus labios es una deshonra para mi. -Pues si vo quisie) a i i j i- -Usted no quiere uada; no puule querer nada más que lo que yo le mande, y ahora le mando que nos abono usted al Eeal. -tSin fondos. -Pídalos usted. Y si me los nies an. T i- ¡Subterfugios! Un senador, un procer tiene la obligación de llevar a su esposa al primero de nuestros coliseos. -Si yo- Y silencio, que todavía podríamos ser más exigentes. El senador sale de su casa desesperado, y se marcha al palacio de la Representación ísaoional. Allí, obügado a tomar parte en un debate, exclama: (cSí señores! Lo que falta en España son caracteres que no so dobleguen; hombres de entereza, dispuestos siempre a hacer que su dictamen prevalezca, y voluntades de hierro en cuerpos de acero ¡Oh! ¡Si todos los españoles se parecieran- Pero ¿qué tienes. Pascasioí Bs que no quieres á tu mujercita? á mí! -Sí, mujer: pero las preocupaciones políticas, las discusiones del Congreso LA VISITA DEL NOVIO. -No, no es eso: harto sé que me olvidas y me abandonas. POR liOJA ¡Vaya! ¡Escena tenemos! Me voy. ¡Como siempre! Tu eterna salid a, tu amenaza constante Pero no creas que has de seguir burlándote de mi y de mis hij os. ¡Buena educación íes estás dando! ¡Eso más! Me iré con mis padres. -Ya podías haberlo hecho. ¡Eres un infame! -Mira, mujer, ¡no me acalores, ó no resíiondo! ¿Me amenazas? ¡Si! ¡Ah! ¡Bien veo que me otilas! ¡Sí! ¡Que eres un bribón! ¡Que quieres que nos divorciemos! ¡Si, si! El marido se aleja; la mnjcr. sollozando, cae en un sofá, y una curiosa vecina exclama al paño: ¡Si! ¡sí! El diputado IX Paseasio está ensayando uno de sus discursos ministeriales.