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50 RTRHST ¡otra, copla, seña Pilar! -exclamaron alegremente los convidados. -Eche usted vino, señor José. Sí, sí, venga vino. -Y que de aquí á veinticinco años sea V. padrino de la boda, como hoy lo es V. del bautizo. -Muchas gracias, señores, y ustedes que lo vean. Y corre el vino á torrentes, llevando la alegría á todas las cabezas; rasguean las guitarras, las mozas bailan, la seña Pilar, la madrina, canta jotas y más jotas, y el señor Antonio, padre de la criatura, radiante de orgullo, la dicha pintada en el sembiaute, va de la tienda á la alcoba, y á cada vaso de vino que se bebe, lo sazona con un ruidoso beso dado á su heredero, en obsequio del cual el señor José, elpadrino, se gasta cien duros aquella noche. La tienda reluce como un ascua de oro; la alegría retoza en todos los cuerpos, y todo es abundancia, ruido, música, placer y algazara en casa del señor Antonio. Viendo aquella escena, nadie habrá que se atreva á asegurar que la felicidad no existe en la tierra. Amortiguada por la distancia, y contrastando notablemente con la zambra bulliciosa del bautizo, óyese á lo lejos la campanilla del Santo Viático; un coche se para á la puerta; el sacerdote, seguido del sacristán, penetra en el estrecho portal, y seguidos ambos de algunos vecinos piadosos, suben, suben un tramo y otro, y llegan por último á las guardillas. La puerta esta abierta; una vela de sebo en una palmatoria de barro, puesta en el suelo, alumbra débilmente la mísera estancia; en un rincón, sobre un montón de trapos, cubierta con una manta hecha jirones, agoniza una anciana; á su lado, de rodillas, llenos de lágrimas los bellísimos ojos, pálido el rostro, demacrado el cuerpo, que debiera ser airosísimo á estar bien cuidado; pobre, miserable mejor dicho, el vestido, aunque pulcramente limpio, la hija de la moribunda anciana, ¡a infeliz María, ve con ansia angustiosa acercarse la muerte que, dentro de poco, va á dejarla sola,