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BLANCO Y NEGRO 359 le señala hora de entrada, y mucho menos de salida; él tiene á su disposición todos los ordenanzas de la oficina para sus usos particulares; él usa, y hasta abusa, de los azucarillos, de suer te que parece que hay jefes de Negociado que se alimentan sólo con esponjados de limón; él puede faltar su despacho siempre y cuando por conteniente lo tenga, sin que eso seaobs táculo para no consentir la menor calva en sus subordinados; para él, en fin, son desde San Estero las alfombras de acolchonado aspecto, y para los infalices que perciben cuatro ó cinco miljreales dé sueldo, la estera de pleita rugosa y poco confortable. Si hoy no se conciben las casas donde se des envuelven todos los enredos que nacieron en 1 cabeza de aquel gran pintor de la clase media que se llamó Bretón de los Herreros, es precisa y únicamente por el dominio de la murciana estera de esparto, ó la de cordoncillo de rabiosos colores, sobre la alfombra, hoy tan prodigada. Entre nosotros ha tomado carta de naturaleza; se ha impuesto de tal modo, que no podemos sustraernos á su influjo, y la adquirimos y la adoptamos, y sin ella no podemos pasar, no precisamente porque sea más duradera, abrigue más ó sea más limpia que la estera, sino por la importancia y distinción relativas que comunica á la habitación en que se coloca. Y por otro lado, lo que me decía una señora muy hacendosa: -He adoptado la alfombra, porque me entretiene el ponerla y quitarla. Con la estera no tenia que trabajar tanto. ¡Se desesteraba sola la j y, Wí CARLOS O S S O R I O Y GALLARDO.