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UNA RACHA DE AIRE TOE ROJAS. SAN E S T E R O Con las hojas amarillas, de los árboles caen de los muebles, las fundas de dril que los resguardaron del polvo destructor durante la ausencia de sus dueños en los meses del estío; las habitaciones vuelven á relucir con los esplendores del brocatel, las molduras y los flecos, j los pisos de mosaico, de azulejos, de madera ó de ladrillos desaparecen bajo la tupida moqueta, el confortable terciopelo la Bruselas pretenciosa ó el fieltro humilde. El estero es un detalle de los más peliagudos en la vida intima de las familias, y de los más temidos por los jefes de ellas. Al llegar esta época del año, el ama de casa tiene forzosamente que añadir una cantidad respetable á la asignada para gastos extraordinarios. Hoy, sin embargo, en casi ninguna casa se estera ya: eso era bueno para las costumbres del año 20 que aceptaban los floreros de trapos debajo de los fanales ahuevados, los relojes de cuco, los pianos de mesa y las sillerías de reps azul ó verde previsoramente cubiertas con pañoletltas de crochet. Ahora que hemos aceptado el lujo como una necesidad y á él amoldamos nuestra vida; que insensiblemente han ido las moradas reclamando lujo y comfort, sin el que pasaban á maravilla nuestros padres; que hemos perdido, no sé si por desgracia ó fortuna, lo poco típico que de nuestras rancias y patriarcales costumbres quedaba; que no queremos fijarnos en los inedios que poseemos para circunscribir á ellos nuestras necesidades, la estera ha desaparecido de las casas de medianas pretensiones, y quedado relegada al olvido ó á los pisos quintos de las casas pobres. La prensa ha empezado á anunciar la suspensión del despacho en las diferentes oficinas del Estado á causa de San Estero, festividad anual, movible y que razona otra, anual también, á la llegada del mes de las rosas, y que los que por ella salen beneficiados son los primeros que la han bautizado con el característico apodo de San Desestero. La vida oficinesca, ya que exige al empleado una asistencia de sein ó siete horas diarias, tiene que ofrecer las comodidades relativas que reclama la salud del hombre. Verdad es que lo que hay que procurar ser es empleado de alta categoría, no precisamente por la falta que le pueda hacer, sino por la sobra de comodidades que se logran. Al jefe, al superior, no se w