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356 BLANCO Y NEGRO -Pero, hombre, recuerda que yo no podía ir: mi último vestido de seda lo deshice para que tuvieras el jubón aquel que sacaste en La Campana. -Tienes razón, hija mía, tienes razón Pero vamos á ver qué viene á ser esto. -Sí, sí; estoy deseando ver lo que te han dado. -Un bastón. ¡Vaya! ¡j muy bonito! ¡Psh! no es feo, pero no me sirve para nada. -r A ver, ¿qué es esto? Otro bastón. -Pues también es bonito. -Sí; es bonito, pero tampoco me sirve. -Veamos esto ¡Otro bastón! Van tres. -Pero ¿ha creído esa gente que vas á poner almacén de bastones? -Pues ahí tienes tú: esos tres bastones son de casa de Sancho, el comerciante más carero de España; de seguro ha cobrado por cada uno un dineral. Pero veamos qué es esto: unUomio unparavent, como los llaman ahora) y ¿para qué quiero yo este biombo? ¿Y esto otro, qué es? Una pantalla de chimenea; perfectamente, y en mi casa no hay chimeneas; y si las hubiese, no las encendería, porque el carbón me atufa. -Otra cosa: un termómetro ¡Vaya una gracia! También lo vi anteayer en casa de Sancho; lo menos le ha valido cinco duros. ¡Calla! otro bastón; van cuatro y éste, además, es feo; siempre es una ventaja. -Ahí está una cosa que abulta mucho; eso debe de ser algo bueno: ¡un par de jarrones de porcelana! En el escaparate de Sancho los he visto esta tarde. -Pero ¿qué pensarán esos majaderos que puedo hacer con dos jarrones? ¿No valdría más que me hubieran regalado un corte de pantalón, ó Un par de botas, ó un impermeable, ó dos arrobas de garbanzos? En fin, vamos á ver si encontramos alguna cosa de provecho. ¡Otro bastón! Van cinco; dos palomitas de porcelana, ¡donosa ocurrencia! Si hubieran sido de carne y hueso pero ¡vaya un estofado que podemos hacer con ese par de aves! Una boquilla para puros; j o, ni fumo, ni tengo puros; de modo que no agradezco el regalo Un cuadro eso es, el cuadro del hambre á que me reducirán muchos beneficios como ehde esta noche; he regalado todo el teatro para que me llenen la casa con mil baratijas de las que tenía de desecho en su tienda el bueno de Sancho. Yo no sé por qué habrán anunciado la función á beneficio mío; aquí el único beneficiado ha sido Sancho, que ha salido de todas sus mercancías antiguas y averiadas. ¡Oh! Si la empresa me da otro beneficio en la próxima temporada, yo te aseguro que no sucederá esto. En las circulares que envíe á mis amigos y admiradores haré estampar en letras muy gordas: Hay bandeja. Se admite en dinero el pago de las localidades que se utilicen; no se aceptan obsequios en especie, como no sean artículos de comer, beber ó arder... ó á lo menos prendas de vestir con aseo. -Y ahora, ¿qué hacer con todos estos bastones, termómetros, boquillas, plegaderas? -Pues dejarlo ahí; veremos si mañana quiero volver á tomarlo Sancho, aunque sea pagándolo al peso del papel en que venía envuelto. ¡Valiente beneficio! A. SÁNCBEZ PÉREZ.