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BLANCO Y NEGRO El Jai Alai j el Frontón y trinquete de San Francisco el Grande funcionan. ¿Quién había de creer que el Santo tuviese semejante establecimiento? Colón tiene un circo. San Francisco, un frontón. Oeryantes, un café. El movimiento industrial todo lo absorbe. Pero nada como el pelotarismo. En los buenos círculos, en los círculos medianos, aun en los círculos de costumbres dudosas, no se habla más que de los desastres de Consuegra j Almería y del Jai. Hasta el gran duque Wladimiro dedica á sus hijos á Tandileros. E s el espectáculo fin de siglo. El XIX transmite la pelota al xx. En el seno de las familias todos se dedican á tan noble é higie nico ejercicio. La pelota se impone. Sin embargo, aun hay patria. Es decir, aun hay toros. Tres chicos matadores han debutado en quince días. Como ustedes ven, no se acaba la raza de los guapos. Donde menos se piensa, salta un torero. Varios jóvenes franceses de nacimiento, j por convicción, solicitan de Ángel Pastor que les instruya en el arte de nuestros mayores La juventud dorada francesa empieza á dedicarse á la difícil carrera de los cuernos. ¡Qué triunfo para nuestra fiesta nacional! Todos aspiran á tomar la alternativa de matadores de toros, cueste lo que cueste. -No, si es muy barato eso de alternar- -les decía un torero. -Lo más que puede llevar á ustedes un toro, por enseñarles prácticamente, es la cabeza. Me figuro ver á esos chicos franceses tomando lecciones de tauromaquia. -Vous es el toreador- -les dirá el maestro, -1 vous no debes tener delajindame. Yo soy le taureau, y sargo y oous arremeto ainsi Y los diestros protestarán gritando: -Restez tranquile, animal. ¡Juventud atrasada! Ahora todo muchacho que se estime en algo se echará á zaguero, por lo menos. Y las muchachas á Géraldines. EDUARDO DE P A L A C I O U 9