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BLANCO Y NEGRO 847 u n a mujer que le oyó ia copla á la entrada del pueblo, le dijo: J: -Í -Mal viento te trae, Juan; el cielo arruga el ceño, j tú, á la cuenta estás de naoaós eonla Paulina. Aquella mujer y aquel carretero tal vez tenían el preséntimientodéla catástrofe que iba i- sobreven irv hogar de la cocina. Juan cenó con su madre, y luego se acostó junto al Entre sueños sintió algo extraño: ruido, una impresión particular, como si le cambiara de sitio una mano suave, pero poderosa. De pronto se sintió derribado, despertó y se vio flotando en el agua. Extendióla mano buscando á su madre, la llamó, pero los truenos apagaban la voz de los hombres, y la impetuosa gorriente del agua los arrancaba de sus hogares y los arrastraba á la muerte. Juan lachó, se resistió, buscó de nuevo; encontró á su madre, quería seguir buscando, pero el cruel elemento le sacó por una ventana y, derribó la casa. Juan empezó á nadar desesperadamente sin saber hacia dónde. Sintió ayes deimujer. El lívido fulgor de una centella dio de lleno en el rostro de Juan, y de entre la obscuridad pavorosa que siicedió á tan extraña luz salió una voz angustiada que decía; ¡Juan, Juan de mi vida, -sálvame! ¡Era la voz de Pauliíia! ¡La infeliz se ahogaba! Juan dio un. grito de inmensa alegría, y acudió allá. Si le hubieran tendido una manó para salvarle, pocp le hubiese importado. Pero Paulina. aquella, ij lujer de cuyo cariño él dudaba, le había dicho que su vida era la suya. ¿Qué más podía desear? i Juan hizo un esfuerzo titánico; cogió á la muchacha en susbrazos, consiguió colocarse sobre un madero y creyó segura su doble victoria. Pero el vendaval los empujó contra un muro, y los dos amantes cayeron al fondo del abismo. Juan, medio ahogado, fué extraído por un fraile, merced á cuyos cuidados se salvó. Desde entonces ha quedado como idiota: no habla, y ante el terrible espectáculo que le rodea permanecij insensible. ¡Pobres! -murmuró un civil al descubrir unos cadáveres entre lasi ruinas de una casa. Juan, que le oyó, miró al civil fijamente, y como quien despierta de un letargo, le dijo con despecho: ¿Pobres? Felices, digo yo, que Dios les habrá dado descanso. Pobre yo, que me he quedado aquí sin amores y sin hacienda. Se marcharon para allá mi madre y mi novia ¿De qué sirvo ahoraj para quién voy á trabajar? JOSÉ RAMÓN M É L I D A ESPECTÁCULOS (R E V I S T A CÓMICA) QoC MtS oiaha, cierto vacío en las revistas de espec 3 2 t e f táculos. Así como publican varios periódicos el J J v y i p l a n o de la guerra, cuando la hay, ó el de la casa del crimen y de los criminales (éstos siempre les hay aun cuando no parezcan) de la casa incendiada ó el del cadáver anónimo, asi J debe publicarse el plano del drama de muerte recién C) í estrenado, ó de la eornedia lidiada en otro teatro ó de la ópera y de la zarzuela pregonadas en sus respectivos coliseos. Las escenas tiernas entre pelotaris en Jai- Alai 6 en otro frontón, las baladas ífturinas, las delicadezas del circo de gallos, también merecen monos.