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BLANCO Y NEGRO 343 Yo la miré tristemente; Ella me abrazó con ansia; Corrió abundoso su llanto Abrasándome la cara; Yo también rompí á llorar, Y exclamé: ¡Madre del alma! ¿Dice por esto la Salve Que el mundo es valle de lágrimas? Y esa mujer me olvidó, Y yo no pude olvidarla! Huérfano, errante, vencido En la horrenda lucha humana, Combatida por la duda Mi antigua fe vacilaba. Entonces llamé en mi auxilio Los recuerdos de mi infancia; Oré por mi y por aquella Que me tuvo en sus entrañas; Los años me hicieron hombre; Crucé lleno de esperanzas La vida, buscando en ella Esos mentidos fantasmas Del amor y la amistad, Con ardorosa constancia Mostrando por todas partes, Como reliquias sagradas, Mi corazón, sano y puro; Mi fe, que en Dios se apoyaba; Mi alma, exenta de maldades; Mi honor, sin ninguna mancha. Mas ¡ay! que á nacer me trajo Dirigí al cielo mis ojos, Que amargo llanto brotaban, Y exclamé: ¡Madre querida. Ahora sé, por mi desgracia, Por qué nos dice la Salve Oue el mundo es valle de lágrimas! Del infortunio una ráfaga, Y su maligna influencia Ni un punto de mí se aparta. Perseguido por la envidia. Sedienta de amor el alma, Mi corazón puse un día De una mujer á las plantas, Z A -y á kp e Ca- i ulJ a. Hustracimes de HUERTAS-