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ATRO, Para barajar á capriclio la historia y la indumentaria, no hay nadie como los cantantes de ópera. Yo he visto un Hernani (y ustedes lo habrán risto también) ataviado con los siguientes arreos, salvo omisión involuntaria: Calzón bombacho, botas de campana, faja andaluza, casaca de fines del siglo xviii, espada de taza, trabuco naianjeio y ombico calañcDespue s de todo, los cantantes cumplen con saber cantar, y liay que compadecer al que vaya á la ópera en busca del arte y de la historia. Donde realmente no son tolerables los anacronismos es en los demás teatros, dado caso de que los tomemos- -como los debemos tomar- -por centros de cultura. El llamado ge nero simbólico, que ha estado de moda unos cuantos años, y que todavía colea en alguno que otro teatrillo de poco fuste- es sin duda alguna el más ocasionado á los desaciertos que motivan este articulo. Hay que empezar porque el ge nero- -si así lo llamamos- -es una atrocidad, en sí mismo considerado. Eso de las personificaciones materiales, que abre ancho campo á la fantasía, ofrece también interminables horizontes á la simplicidad y aun á la locura... Eso L personificar, por ejemplo, en seres vivientes el edificio del Banco, el viaducto de la calle de Segovia, el Ministerio de la Gobernación ó los kioscos á ciertos usos destinados y otras muchas cosas materiales é inanimadas, será siempre una majadería insigne, una prueba de malísimo gusto. Al vestir esas personificaciones se entra en pleno delirio. Hay un autor que quiere simbolizar en una persona el pilón de una fuente. Lo que más analogía tiene con un pilón es una caballería, un mtilo, por ejemplo. El autor, sin emhtírgo, simboliza el pilón en un caballero déla Edad Media con su armadura correspondiente.