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BLANCO Y NEGRO 32 J -Póngame usted con Lhardy. -Ha bajado 50 céntimos el Exterior. Pueden venir á tomar las medidas. ¿Verdad que si, monín? En esto todos los hilos telefónicos se estremecieron y callaron. La primer ráfaga de la tempestad los agitaba con fuerza. ¡No tengáis miedo, les decían los cables, y agarraos bienl Cuando la racha de viento pasó, los hilos comenzaron de nuevo á hablar; pero súbito rasgó el obscuro seno de las nubes la claridad vivísima de un relámpago, y un espantoso trueno se despeñó retumbando por los aires. Y las voces de los hombres que transmitían los hilos enmudecieron ante la voz de Dios. Al poco tiempo comenzó á diluviar. ¡Oh alegría, era piedra! Rebotaba el furioso granizo sobre las tejas, y los tejados más altos pensaban; ¡Si me pudiese agachar! Todas las chimeneas, acobardadas, decían: ¡Qué mal estamos aquí! y cuando el viento y el granizo redoblaron su coraje, una chimenea, señora ya de edad, gritó aterrada: ¡Yo no puede ver esto! y se desplomó. Huí de la azotea espantado de los dramas de tejas arriba, JOSÉ DE R O U R E hfí Escucha, niña, mi acento Si has de saber mis quebrantos, Que amor pelotari siento, Amor de cincuenta tantos. Y si á escucharme te avienes Sin que mi amor te dé enojos, Sabrás que preso me tienes En el saque de tus ojos. Que vencido y sin valor Me dejaste á toda prisa, Con un revés seductor El revés de tu sonrisa. Y estoy triste y fatigado, Porque como no soy unce, ¡Ni siquiera me has dejado Kematar éí primer quince! No halle en tus ojos desvío wO Quien en ellos se recrea, Ni me des más, amor mío. Esos golpes de volea! Que yo en el fuego me ciego Y he de volver á la carga, ¡Aunque en tu estudiado juego Me ocultes alguna larga! Con gran ventaja en verdad Seguir el partido puedes, I Sin que haya necesidad De jugar á dos paredes! Y ya que el frontón querido De mi corazón asaltas, ¡Continuemos el partido Y perdóname las faltas. F. DURANTE.