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326 BLANCO Y NEGRO El efecto que el bando produjo en Arrigorria pueden ustedes figurárselo. IJOS infelices bañistas, acostumbrados al calzoncillo primitivo, no tenían tiempo para disponer las prendas y iitensilios adecuados al baño colorista y profesional. Las damas, es verdad, habían recibido con júbilo el bando rafaelesco. Cansadas de confundirse en las esferas húmedas con las patronas desliaMllécs, de luenga túnica y robustos contornos, improvisaron deliciosas fantasías, que las distinguían en la mar de las bellezas cúrsiles. Una gentil y á veces rubia condesa, anunció que el 1. de Septiembre, á las nueve en punto de la mañana, iría á tomar el primer baño de arte. 8 u traje seria de estilo Pompadour- flotante, todo de gasas, con fuerte armazón de alambre, para corregir los estragos de las olas. La morena Sra. de y la negra Duquesa de X ostentaban sombreros colosales y abanicos de agua, creación elegantísima; sus lacayos, con calzoncillo de librea, permanecían no lejos de ambas beldades, á fin de que el agua tuviera las condiciones tónicas, esto es, de buen tono, que han menester las grandes señoras. Pronto cundió el entusiasmo en Arrigorria. Los abogados llevaban sobre el calzoncillo una muceta barata los médicos, una jeringa al hombro; los generales, dos ó tres condecoraciones y una banda sobre el iracundo abdomen, á fin de que los suboi- di nados, aun al hacer la plancha, les saludaran milit. armente; los señores sacerdotes, en fin, sobre el calzoncillo de la igualdad, mostraban sus cabezas venerables con el sombrero de toja hecho do paja obscura, la paj. a mística por excelencia. El éxito hizo de la playa de Arrigorria la más aristocrática y divertida de España; los periodistas con su baño de ilustración, esto es, de cuartillas; los pelotaris, con sus cestas náuticas; las criadas de servir, con su escoba salvavidas; todos, absolutamente todos, eran reconocidos al punto. El comité de uno de los partidos políticos hizo á su jefe una ovación al presentarse en la arena con las insignias del libre cambio. Así como en otra? partes los andenes délas toleró que fueran á Amgorrfa los burg ueses, siempre quo en la playa olíedeoieran las reglas de la estética municipal, dictadas en el siguiente BANDO. Don RAFAEL BLANCO Y NEGRO, Alcalde de especie de c i u d a d esta HAGO SABEE Que habiendo visto con gran escándalo la mezcla de tonos y perfiles á que da lugar en nuestra plaj a el uso del antiestético calzoncillo, sin otra señal ó distintivo que permita reconocer las ierarquias militares, jurídicas, médicas y alcohólicas de los bañistas; Considerando que es peligrosa la igualdad de traje y de colores, merced á lo cual se ha visto confundido en las aguas el acreedor con el deudor, la condesa con la simjple menestrala, y el periodista con el editor acuático; Considerando que las leyes divinas y humanas no autorizan al soldado para semejarse á su jefe, ni aun en el momento de la inmersión; Considerando los abusos y faltas de atención que supone éti. -lo3 bañeros el verse adornados con el mismo traje de fraij que sus clientes; Y considerando, en ñn, que el espectáculo que ofrece miestra playa no puede ser más monótono á la vista, pues eLpintor no logra distinguir en el agua las aficiones artísticas, cientiflcas ó literarias de los que se bañan: Por tanto, en virtud de las facultades que no tengo y la ley me confiere, Ordeno y mando: Que todo bañista, sea cual fuere su pi- ocedencia, sexo y volumen, se abstenga de verificar su propia botadura al agua sin llevar un distintivo que especifique la clase á que pertenece, con lo cual ganará el respeto social y tendrá la playa el aspecto decoroso y óptico que debe separarla de otras menos distinguidas do este y el otro mundo. Vuestro Alcalde impresionista- -ií í rt Síi: estaciones son los lugares de observación para el repórter, en Arrigorria leíanse sueltos por este estilo: Ayer celebraron una conferencia, junto á la bo a, el eminente Director general Sr. E. y el Ministro del ramo, ííosotros, que les seguimos á nado, recogimos impresiones muy halagüeñas. Es, pues, inexacto que los fusionistas sean partidarios de la ducha constitucional y de los baños de algas. Jnterviervs líquidos, amores submarinos, reuniones más ó menos húmedas, con trajes adecuados y sumamente vaporosos; de todo esto hubo en Arrigorria, hasta que una noche el autor de la moda, el pintor alcalde, se sintió malo Había visto en la playa un crítico Dios mío! y su calzoncillo era castaño obscuro Llevaba á sus espaldas el garrote símbolo de la profesión, y el espectro miraba al artista con unos ojazos Nada, que el pintor alcalde murió del susto, y al día siguiente, en un ataúd ilustrado por sus amigos, emprendió el último viaje. Detalle conmovedor: Durante un novenario la playa de Arrigorria tuvo un aspecto fúnebre. ¡Todos los calzonciUos eran de luto! E L D E QAECt- DÍAZ. De San Sebastián en Agosto de 1891 aEos.