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314 BLANCO Y NEGRO En el camino de 3 lindando con una tierra de propiedad del farmacéutico, hemos tropezado con el cadáver de nn hombre muerto, al parecer de bien En esto de k s simpatías y de las antipatías gratuitas é injustificadas damos todos los hombres de buena voluntad, j aun más las mujeres. Ellas imaginan un tipo, se le dibujan mentalmente, y le dan color, también mentalmente. El hombre que no esté sujeto al modelo imaginado no vale. Esto es, no merece su simpatía. Otras rellenan el figurín con un carácter evangélico, bondadoso, un corazón inmenso, discreción suma, instrucción, cortesía y demás. Si el hombre con quien tropiezan en sociedad coincide con el figurín físicamente, pero no en la parte moral 6 intelectual, le rechazan indignadas. Para que la persona antipática llegue á ser simpática para nosotros, necesita esforzar sus buenas condiciones. Es un ejemplo muy gastado, pero exacto, el de los jugadores de billar. No, conocemos álos que juegan, y desde el primer momento nos interesamos por uno. Llegamos hasta á soplar mentalmente las bolas para que no pierda una carambola el jugador simpático. Pagaríamos una prima porque el otro no diera bola. ¡No ha sido! -gritaba un espectador, negando una carambola á uno de los dos que jugaban la partida. Y otro espectador, que sin conocer, lo mismo que el otro, álos jugadores, se interesaba en secreto por el que había tirado la carambola, replicó furioso: ¡Sí ha sido! ¿Dónde tiene usted los ojos? -En su lugar. -Pero no le sirven más que de estorbo. -Para ver animales como usted, me sobran. -Lo que no tienen ustedes ninguno de ambos á dos- -interrumpió el mozo de la casa- es rayo de vergüenza en venir aquí á pasarse las hoi- as abrigaos, para luego armar escándales. No se puede remediar. Entre hombres de oficio diferente cada cual, es iXiUy peligrosa una cuestión Por ejemjjio: Un albañil no puede hacer migas con un carbonero. Se odian por causa del colorido, 3 se explica.