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302 ÜH TREMOLO FUNESTO POR ROJAS. BLANCO Y NEGRO i Golondrino en la pradera lastimó á su hermano roluntariamente el. dia tantos; desnudó á uji vaquero en sSus señores padres fueron bravos y nobles. J Otros ganaderos apuran tanto, qué más que ensayos parecen corridasde toros- las tientas. Y los becerros que logran llegar á hombres, en cuanto salen ya como toros formales y sienten el primer pnyazo, reflexionan; ¿Ya están como en el campo? Ea, pues á mi no me pinchan más. Y vuelven el rostro al país, y se exponen al fuego. Afortunadamente para el fomento y propagación de la clase de toros, los ganaderos, en general, han perdido esa crueldad en la enseñanza. El progreso ha borrado aquello de: La letra (ó el cuerno) con sangre entra. Y en cnanto los chiquitines toman un puyazo, les declaran toros jóvenes y útiles. Porque tienen salida los cuernos. Pero empieza el periodo de la abundancia. El número de corridas disminuye, y hay toros de sobra, sin contar los que pueden hacer de toro, en caso extremo. ¡Pobres gentes! Digo, ¡pobres animales! ¡Morir á mano airada y á las veces traidoramenfe, despue s de haber luchado con tanta nobleza! Pues si los toros fueran prestamistas, jubilados, con las intenciones que les enaltecieron en sus tratos, ¿qué sería de los toreros? Así es que, viendo á las víctimas encerradas en el corral esperando el momento del apartado para la lidia, so siente cierto disgusto inevitable. Ellos, los toros, miran á los curiosos con cierta altanería. ¡Infelices- -pienso yo; -tanto valor inútil, tanta bravura en pelear con hombres asalariados! Recuerdo que un día oí decir á un caballero, al parecer anarquista secreto, compartiendo conmigo la conmiseración por los toros encerrados en el corral de la Plaza de Madrid; -Mire usted, con esos ocho toros acabaría yo con el Ministerio.