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LAS TRES MOSCAS E empeñan los higienistas en sostener que ciertos insectos, y especialmente las moscas, son útilísimos para la humanidad, cuando yo creía todo lo contrario. x Conñeso mi ignorancia: y si es verdad lo que dicen los higienistas, retiro las maldiciones que muchas veces he lanzado contra las moscas, sin perjuicio de repetirlas siempre que me molesten. Bromas á un lado, es lo cierto que esos animalitos son las víctimas más inmediatas de las falsiñcaciones de los artículos de beber, comer... y oler. Voy á probarlo: Eranse tres moscas que, reunidas en consejo deliberaban sóbrelas nuevas dinVa cultades que para su alimentación se le iban presentando cada día. -Todo se falsifica, todo se adultera; hasta las calvas, que constituían uno de nuestros grandes recursos. -Es claro; como los hombres se untan tantos menjurjes para hacerse crecer el pelo- -Han desvirtuado la grasa animal. -E Q los restaurants 3 a no se sirve otra cosa que imitaciones groseras de las viandas que saborearon nuestras antepasadas. ¿Y las tabernas? ¡Horror! Tortillas de cartón piedra y sardinas fósiles. -De las confiterías no hablemos. A lo mejor se posa una sobre un merengue; entra un chico goloso, y sin reparar en nada ¡allá va! al pozo de W cabeza. ¡Qué miedo! ¡Aquello debe parecer el interior de una mina! De repente se disolvió la reunión. Estaban sobre un asiento público, y vieron venir sobre ellas un enorme mapamundi. I SJi Era que un señor muy gordo se disponía á sentarse. Una de las moscas se dirigió á un establecimiento de conservas, pastas, fiambres, dulces y artículos análogos. El lujo y la abundancia reinaban allí. -Entremos- -se dijo la mosca, y penetró resueltamente en aquel paraíso. Trufas del Perigord, frascos de dulces, cajas de galletas de Huntley- -Palmers, latas de Mortadela P ¿A que después de todo- -se dijo la mosca- -no tienen estos desdichados ni una libra de chocolate de los Padres Benedictinos? Pues se lucen entonces. Busca por aquí, busca por allá, cansóse al ñn y se detuvo sobre un trozo de queso de Roquefort. Pero el queso era una falsificación infame, y la mosca sucumbió víctima de un cólico complicado con el quincuagésimo salmo de David. La muerte de la segunda mosca fué más breve y menos angustiosa. Logró introducirse en un restaurant, en el momento en que uno de los camareros devolvía á la cocina los restos de un lenguado.