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BLANCO Y NEGRO 285 Y tendiendo una mirada de trianfo por la clase, achacó á miserables envidias las ruidosas carcajadas que hicieron punto final á su discurso. Otro día los demonios de los alumnos se pusieron de acuerdo para molestar al Padre, y a! efecto resolvieron que, á una señal convenida, todos cambiarían de posición las piernas, en cuatro tiempos, produciendo el mayor ruido posible. Así sucedió, y D. Evaristo, amostazado á la tercera vez que vio á todos poner la pierna derecha sobre la izquierda y viceversa, exclamó dirigiéndose á su auditorio: -Señores, mucho me extraña ese movimiento general de pies y piernas tan á compás realizado por todos los alumnos. Comprendo que como es esta la última clase que tienen ustedes en el día, se encuentren fatigados, pero no me explico el que todos á un mismo tiempo tengan necesidad de movimiento. -Padre- -dijo uno de los más descarados- -como todos entramos á la misma hora JOSÉ MUÑOZ E S C Á M E Z Mira, querido yerno, mira cómo me acarician las ondas! -Bien; poro no olvide usted que el agua del mar tiene muy mal gasto.