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Septiembre fiKSTOs, fríos, crepúsculos tristes, hojas que caen de los árboles, abrigos de entretiempo que se lucen, teatros de verano que se cierran, constipados pertinaces que nos fastidian, trenes que nos devuelven a los prófugos veraneantes i Septiembre con todas sus consecuencias! Dentro de pocos días las playas recobrarán su aspecto ordinario, y Madrid tambie n. Empezaremos á tener á quien saludar; miraremos con envidia á nuestros amigos con los rostros tostados por la brisa del mar, y volveremos á oir el himno que anualmente entonan al Norte los que de el han disfrutado. Quienes por gusto, obligación- ó necesidad no hemos podido acompañarles, nos esforzaremos por persuadirles de. que en Madrid se pasa bien el verano. Pero ya verán ustedes como no nos creen y siguen pensando que exageramos. ella, é impulsando al predispuesto al crimen á realizarle. El espíritu de imitación nos domina, y lo que hay que temer es que alguien cometa algún desaguisado, porque entonces, durante una temporada, ninguno estamos seguros de no añadirle segundas partes. Y si éstas, de una cosa buena, siempre son malas calculemos y echémonos á temblar. Latino Ooelh. 0 ¡STE eminente hombre de Estado, científico, periodista, literato y militar, que ocupaba en el reino lusitano posición brillantísima por sus talentos, y á quien los periódicos de todos los matices políticos han tributado encomiásticos elogios fúnebres, era en España casi tan popular como en su patria. La muerte de Latino Coelho ha sido causa de duelo nacional, y con ella ha perdido la idea de la unión ibérica su más decidido defensor y propagandista acérrimo. Con lo cual queda dicho que era más español que portugués. ¡Descanso en paz! Días aciagos jo son precisamente los martes de mal agüero, ni los viernes nefastos, ni los sábados elegidos por las brujas para sus conciliábulos y aquelarres: son cualesquiera de la semana que empiezan do mala manera. Podrán pasarse dos semanas sin que durante ellas se registre un suicidio; pero que una mañana se llene un prójimo el estómago de fósforos de Cascante, y sabréis que poco después se ha arrojado otro por el viaducto, ha habido en tal barrio un reparto de puñaladas y en cual calle un incendio y un asesinato. Hay días aciagos, en los que parece que la gente se pone de acuerdo para no permitir descansar al juez de guardia y llenar con el relato de sus hazañas las columnas de los periódicos. Bien eengas, mal, si vienes solo, se dice, y con ra? on; porque no parece sino que la atmósfera impregnada de los hálitos de un crimen, se extiende y desparrama pOT la población, haciéndose respirar en toda En Chile tJjíQüE de Chile no conocíamos otra, cosa que el coro de fumadoras de Los Sobrinos del capitán Grant, es lo cierto que nos hemos estado preocupando más de la: guerra civil que allí se desarrolla, que de lo que ocurre por nuestra B propia casa. La prensa ha publicado extensos relatos telegráficos de lo que en Chile ha ocurridoj pero taií contradictorios, que no parece sino que se trataba de la reseña de una corrida de toros juzgada por los entusiastas de matadores enemigos. El triunfo parece que ha sido de los congresistas; ahora sólo falta saber cuántos doctores se haíi hecho generales, que, á juzgar por los que hay, parece qué es el primer ascenso que se logra por aquellas tierras;