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IMPROVISACIONES L público no se resigna fácilmente al aburrimiento. Cuando no le divierte la comedia que ve representar, procura divertirse solo, con sus propios recursos, y casi siempre lo consigue. Sin contür con que hay muchos espectadores que se divierten más con un fracaso que con un éxito. Por justa ley de compensación, cuando el ingenio del autor falla, y de su equivocación resulta una pesadez insufrible, brota el ingenio, vivo y espontáneo, de telón afuera. En los momentos decisivos de una derrota teatral, salen del público, del público de las alturas particularmente, chistes, frases y agudezas que valen cualquier dinero. El resto del auditorio las celebra regocijadamente y ya no se considera tan defraudado. Allá van á este propósito unas cuantas anécdotas rigurosamente históricas: Representábase una comedia nueva en un teatro de Madrid; había pasado en calma el primer acto, y á la mitad del segundo, cuando el autor podía y debía considerar perdida la batalla, en un instante de imponente silencio y á punto de descargar la nube, sentóse á escribir uno de los personajes de la obra, diciendo lo siguiente, mientras escribía: Sr. D. Fulano de Tal. -Muy señor mío. Al llegar ahí, sale una voz del anfiteatro segundo, que dice clara y distintamente: ¡Dos puntos! La observación ortográfica es acogida con grandes carcajadas, y á partir de allí no hay éxito posible ni momento de reposo. Otro estreno y otra interrupción cruelmente graciosa: Ejecutábase (en el buen sentido) una obrita de esas que antes se llamaban discretas y que hoy se califican de malas sin ambajes ni rodeos. Iba media hora larga de representación, y el público no había tropezado, ni por casualidad, con un chiste. Ibase cargando la atmósfera de electricidad, y cuando la concurrencia se disponía á pasar del bostezo al bas