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BLANCO Y NEGRO 251 Cuando entró en la sala del crimen, los puntos le miraron con escama. El que más ó menos crej ó que iba á ser víctima de algún sablazo, y el banquero supuso que se preparaba á jugar bajo palabra. Ramírez, sombrío y morigerado, hízose en eV acto cargo de la situación, sacó un fajo de billetes, preguntó cuánto se tallaba, y al oír cinco mil quinientos veintitrés duros dijole al banquero: -Copo al rey. ¡Va! -contestó el de la baraja sin inmutarse; y cata que á los pocos naipes salió un rey, y saltó la, banca, dejando á los puntos hechos unas comas obre el tapete verde. ¡Válgame el cirio pascual! -dijo uno de los circunstantes; -preciso es que Ramírez haya topado con su mascota. El jugador afortunado se calló como un besugo, y al dar las ocho salió del Círculo hecho un vellocino de oro. Deseando comprar algo que le recordara noche tan memorable, se paró delante de una joyería, y compró una magnifica pulsera. Era el regalo de boda para su sobrina, que de allí á poco se casó con Berruguete. Ramírez dio con esto una prueba de tener sentido común. PEDRO VARGAS.