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250 BLANCO Y NEGRO LA PASIÓN DEL JUE O, POR ROJAS. Al salir del Circulo vicioso Ramírez se abstuvo de tomar coche. Remordíale la conciencia y quería hacer economías. Se dirigió, pues, pedibus andando á su domicilio. Al llegar, notó que había luz en las habitaciones de su sobrina. -I Pobrecilla! -pensó él allá para su cartera- -me está esperando. ¿Si seré yo granuja? Y penetró en sus lares sin meter ruido, gracias á un Uavín á la inglesa. Pero al acercarse al cuarto que tenía luz, se le figuró oir una voz que no era ni la de su sobrina ni la de la doncella de ésta: como que era la voz de un hombre. El escamado Ramírez se llegó á la puerta, inclinó el cuerpo, y puso un ojo en el de la cerradura. ¡Qué veo! -exclamó airado- ¡el pollo Berruguete á los pies de mi sobrina! ¡Y la doncella presenciando la escena! ¡Ira de Dios! ¡Conque esas tenemos! Ahora veréis, malandrines! Y con el corazón henchido de malas pasiones y la cabeza convertida en grillera, se retiró á su despacho, dispuesto á hacer alguna atrocidad. ¿Qué martirio inventaré para esos pillos? -decía bramando de furor. -Los tormentos del averno me parecen poco para vengarme. ¡Ah! -proseguía dándose palmadas en la frente- -ya sospechaba yo que ese Berruguete concluiría por tomarme el pelo! ¡Fíate de los manchegos, anda! Los voy á hacer añicos, salchicha trufada. ¡A ver! ¿Dónde tengo mi revólver? No mejor será que em- pune el alfanje moruno que compré en Tánger, y ¡zis, zas! los convierto en filetes de á real. ¡Infames! Engañar á un miembro de la Comisión del ganado vacuno. ¡Mala la hubisteis, franceses! De pronto se tranquilizó, metió las manos en los bolsillos, y echóse á la calle con la misma velocidad que si fuera á apagar un incendio. ¿Ustedes creerán que Ramírez encaminaría sus pasos al Juzgado de guardia, al Gobierno civil ó á la comisaría de barrio? Pues no señor; se fué pura y simplemente á su Círculo.