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ÍN EL JUEGO Desde qué Ramírez forma parte de una Comisión encargada de informar respecto á la cría del ganado vacuno, no vive ni descansa. Al despuntar la aurora abandona ellecho; se engolfa entre folletos y papeles, y mira con la más profunda indiferencia el chocolate con mojicón que le entra solícita la criada. Se siente hombre público, padre de la patria, ganadero, y le bullen los sesos que es un gusto. Si ve en la calle una yunta de bueyes tirando de una carreta, ó unas vacas suizas, párase al punto, acariciase la barba y mira las reses con aire de profunda simpatía, como si se tratara de parientes pobres. Todas las mañanas, al dar las once, se entabla el siguiente diálogo entre Ramírez y su sobrina, que por cierto es rubia y muy guapa. Como que Ramírez piensa casarse con ella. ¿Conque hoy también se marcha usted? -Sí, tengo que ir á Fomento; ya sabes. ¿No pudiera usted dejarlo para otro día? ¡Imposible! Meioca informar. ¡Válgame Dios! Entonces tampoco almuerza usted hoy en casa. -No; lo haré en el Círculo. Dispénsame. -Y Ramírez estampa un ósculo pudoroso en lá, tersa frente de su sobrina, y se echa á la vía pública con una cartera que para sí la quisiera Cos- Gayón para salir de apuros. Pero como en este mundo todo es mentira, placer y gloria y juventud, el bueno de Ramírez, en vez de ir con la frecuencia que él decía ala: Comisión informadora, dirigíase muy á menudo á un Círculo donde se tiraba de la oreja á Jorge que era un gusto. x Ramírez era hombre de aspiraciones, y quería redondearse para hacer una excursión por el extranjero. Sucedió, sin embargo, que tanto le tiró un día de la oreja á Jorge, que más le valiera haberle tirado del rabo á un Miura de cinco abriles, pues se le abrió un boquete en el chaleco que le dejó más limpio que una patena. Ello fué que le quiso dar tres golpes á la sota, y ésta le salió no sota, sino rana, es decir, que se quedó sin blanca. ¡El hombre tenía que ver cuando el criado le puso el gabán para volverse á casa- Tenía la cara del color de un limón podrido.