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EL DESCOSIDO E 1 descosido es la novia De Blas Berrendo y Barroso, Y detrás del descosido, Saldrá á la vergüenza el roto. Por hoy eche usted la vista Sobre ese largo manojo De huesos descoyuntados De que es la piel envoltorio; Piel que parece curtida Al vivo fuego de un horno, Con escamas por herpética, Por virolenta con hoyos. Mire usté esos dos ojazos, Huevos que parece como Que saltan jjor estrellarse Cuando miran más piadosos. Porque, si miran airados, Lanzan rayos y demonios De las dos nubes preñadas Que en sus niñas son adornos. Córrese tanto su boca. Que padece reconcomios De morder ambas orejas, Y ya le falta muy poco. Mano tiene de garduña, El pie achatado del mono, Y andan nariz y barbilla Si te toco ó no te toco. Siempre que canta se espantan Las aves de los contornos, Y hay en su roncar, si duerme. Destemplanzas de piporro. Tal en lo físico es ÍTisia, Y aun me he quedado muy corto; Y si á lo moral pasamos, Habrá que pasar por todo. A su padre, que es herrero, Siempre le sirvió de estorbo, Pues si al fuelle la ponía. So dormía como un trompo. ¿Hacendosa. Bien lo muestra Al ya prometido esposo; Las medias lleva con puntos Por no poner punto al ocio. Descosidos del corpino Denuncian sus flacos hombros; Eompe y rasga del zapato. Descubren sus dedos corvos. Si ella anduvo en la cocina, El herrero un día y otro Machacaba en hierro frío Pidiendo sal al repollo. Lo loca y lo pendenciera Sacó de su madre sólo, Y por eso á las vecinas Les da disgustos muy gordos. ¿Qué ajuar llevará á la boda Si no le hereda tampoco? ¿Dote? No sale del yunque. ¿Ganarlo? Ni por asomo. Tal la Nisia, tal la novia Del anunciado bodorrio; Y si ese es el descosido, Verán ustedes ¡qué roto! EL ROTO Blas Berrendo, el de la Nisia Esposo tan prometido. Que ya corrieron proclamas Y se tomaron los dichos. Es el roto que ha encontrado Aquel atroz descosido, Porque, cuando Dios los cria. Se juntan ellos solitos. Para que ustedes los vean E l uno del otro dignos. Ahí van más señas mortales Que no podrán desmentirlo. Blas Berrendo es lo que dice La fuerza de su apellido: Todo toro y á dos tintas, Blanco el fondo, á trechos pinto. Colorao, rojo de Judas Tiene el pelo, tan bravio. Que se encrespa y se apelota Y es el testuz un erizo; Duro como el de la fiera Con que trata Lagartijo, Pues ya derribó á mochadas Los mozos de cinco en cinco. Son sus pies duras pezuñas Que deshacen los morrillos, Y en una fragua sus manos Pudieron hacer prodigios. Tiene una oreja cortada Y en la jeta un par de chirlos Por meterse á dar derrotes En sus tiempos de novillo. Es reparado de un ojo, Y del otro un tanto bizco, Y en su nuez cae la sobarba Con aires ÜÜ pinganillo. Ancho y duro cuanto feo, Dicenme que este maldito Come á pares las hogazas. Sin ganárselas él mismo. Hijo de viuda, la madre. Porque él coma, suda el quilo, Y ella remienda calzones Para que los rompa el hijo. Y ¡cómo ha roto y rasgado El desastrado del chico. E n la holganza y siempre en lidia Bregando con los vecinos! Jamás requirió á una moza Que le mirara con mimo, Y á los novios de las guapas Gozaba en armarles ciscos. En baile, en las romerías, Metía siempre el hocico, Y no encontrando pareja, Armaba el gran laberinto. Y al fin cayó de la Nisia En los brazos denegridos, Buscando así la querencia Del arrastradero el bicho. La boda será sonada, Y el pueblo será testigo De que nunca falta y, n roto Para el mayor descosido. EDUARDO B U S T I L L O