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BLANCO Y NEGRO 247 Lo mismo que en los tiempos del Principe de la Paz; Mi marido es un buen mozo. Gentilhombre aragonés, Que en la punta de la lanza Lleva un pañuelo bordé. Gentilhombre se decía entonces á lo que hoy vendedor de melocotones, según he leído en algunos literatos anticuarios. En general, se conservan letra y música de las canciones infantiles. Se transmiten de madres á hijas. Nunca falta público á las zarzuelas de niñas al aire libre. Particularmente público de señores mayores. Los hay abonados á corro, es decir, á banco en la proximidad de algún corro de niñas. ¡Evocan tan dulces recuerdos aquellas tiernasé inocentes criaturas! ¡inspiran tan puras simpatías aquellas niñas vestiditas de corto al ánimo, y tales fantasías á los espectadores! ¿Y las niñeras y las nodrizas? ¿No inspiran también poemas de ternura á los señores, senadores ó no, que las contemplan? Por más que de estas artistas mayores se ocupan los chicos de la clase de tropa. -Cuando veo á esas niñas me rejuvenezco- -decía un caballero, ya principio de cadáver, á tin su contemporáneo. Y éste, atajando las perlas que se desprendían de su boca cuando hablaba, balbuceó: -Á mí me parece que estoy mamando todavía. -Esas canciones me recuerdan el 22. -Y á mí el 23. -Se ve á la Guardia Real- -Sí, y al duque de papel de Angulema á caballo. -Y se oye á Rubini. -Y á la Es cal qui Luigi- -Algunas parecen mujercitas reducidas. -Y en el orden de niñeras las hay dignas de mejor causa. Un infante recién vestido con el uniforme ataja el diálogo, diciendo en voz alta á un camarada para que lo oigan los aficionados á las formas artístico- infantiles: -Me parece que hoy voy á rizarle el pelo á algún calvo. EDUARDO DE PALACIO.