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L in- ir i í ll ir- i p fi V- r EN LA HORCHATEfllA fí Z, f Br if íg ¡I I ¡Ajajá! Esto es otra cosa: aqui á lo menos se respira. No sé cómo hay quien se atreva á salir de casa con este calor. Envidio á aquellos cuyas ocupaciones sedentarias les autorizan parapasarse él día en paños menores y tumbados á la bartola. ¡Qué felices soij losempleados y las horchateras! Los primeros, provistos de sus americanitas de alpaca y sus abanicos japoneses, dormitan apaciblemente en la semiobscuridad de los despachos, y no sienten el calor; loque sienten es que vayan á molestarles los que tienen algún asunto que activar durante el verano. ¡Esos si que están frescos! Las horchateras tampoco parecen muy sensibles al calor. Las dos que espían desde un rincón de la tienda mis menores movimientos, esperando una palmada mía para ponerse á mis órdenes, son dos chicas blancas y frescas como la horchata que sirven con agradable sonrisa y con barquillos, á los consumidores acalorados.