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230 BLANCO Y NEGRO ventana esta raída ropa, digna de Sakyamuni, y me haré seis trajes de Pool en Londres, -y seis deWorth, en París, para Úi- sula, y treinta y seis, seis por cabeza, para mis peqneñuelos; y después seré célebre, y acaso académico, y quizás diputado; y ¿por, qué no? ministro; y tendré ¿quién lo impide? coche y hotel y ¡Oh tintero! ¡Tú eres mi Providencia, mi fe, mi esperanza, y al emprender mi obra magna, yo te bendigo m nomine Y al ir entiasiasmado, como la lechera de la fábula, á bendecir casi sacerdotalmente el cáliz tintó rico, el vas spiritualis, el vas honorahile, el vas insignis devotionis ¡ijPataplúm! La bendiciente y neurósica mano da un golpe al tintero, que, dejándole estático, pierde su estática, y rueda, y se vuelca sobre las candidas cuartillas, y en vez de llenarlas de palabras, versos, estrofas y cantos, las llena de inmensos borrones, manchas, garrapatos y arroyuelos, y la emancipada tinta, mal saciada de cuartillas, se extiende por la mesa, 5 de la mesa se esparce por el claro traje y puños y manos de Policarpo, y de éste desciende á chorros sobre la humilde y desflorizada alfomlí r bra, y vamos, aquello se torna el mar Negro, el mar de Azoff ó de Azabache, el mare J mágnum de la tinta. El atontado y atintado Policarpo pide socorro á gritos, y á ellos, como bri ada de incendios, acuden atolondrados sus tres bomberitos y tres bomberitas, Tiburcito, Aga pita, etc. -etc. etc. Y con el trop de zéle infantil, en un momento convierten sus caras en cruces, -lis manos en guantes de luto, sus trajes en mapamundi, y hasta en papamundi el ije del infeliz papá, quien, repartiéndoles sopapos y puntapiés, llama con voces de lentor á su protectora Úrsula. Fresca y blanca como una azucena llega la ursulina esposa, y. al verla, los seis llorosos parvulitos se precipitan en el materno seno de aquella Niobe que queda petrificada de dolor al ver en medio minuto convertido su vestido, de blanca batista, en cretona de negras flores y caracteres chinos. Y al concertante de los maternos, paternos y filiales gritos, acude la fregona, armada de paños, aljofifas, rodillas y estropajos, para contenerla niagaresca inundación de la tinta (que, como la sangre y el aceite, tiene la virtud de la propagación) y tal maña se da, que, á los pocos minutos, muebles, suelo y paredes se ven atacados de una verdadera erupción de viruela negra; tantas y tales son las innumerables pintas, manchas y rosetones negros salidos del infernal tintero. ¡Mísero Policarpo! Ese tintero bendecido, de cuyo fondo debían salir tan estupendas cosas, ahora le cuesta: primero, un traje nuevo para él; segundo, otro ídem para Úrsula; tercero, seis, para los seis angelitos tintudoe y patudos; cuarto, nuevos cuadernillos de papel; quinto, nueva alfombra ¡qué sé yo! una verdadera palingenesia de indumentaria, mobiliario y escritorio. Y todo por cuestión de forma. Si aquella tinta hubiera caído sobre el papel gota á gota, como roclo pensante, evocada y ordenada por la pluma del gran vate, hubiera producido La Humaniada, es decir, la fortuna, la inmortalidad de Policarpo. Pero cayó de golpe y porrazo, en forma de borrones y manchas, y salió ¿qué había de salir? La Tintíada: el poema de la ruina, los préstamos, pagarés, no pagarés, sablazos y bayonetazos del lírico- místico Policarpo. El poema escrito era la Fama, la Dicha, la Gloria. El poema derramado fué la Infamia, la Ducha, el Infierno. ¡Ah! ¡La forma! ¡la forma! Ecco ilproblema. Tha is the question, como dicen los eruditos. Muchos hombres tienen fondo, y hasta doble fondo. ¡Qué pocos tienen el don de la forma Los que saben dar forma al fondo de sus ideas, saber y calidades, son los grandes, los artistas,