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222 BLANCO Y NEGRO La enamorada niña consiguió de sus cariñosos padres que señalaran un día para recibir á los amigos, y fué el marcado el domingo, por ser día en que todos se mudaban de camisa, se lavaban con jabón de olor, y se ponían bandolina sin reparo, convirtiéndose en pollos en rifa de esos que se ven á las puertas de los templos. Sucedió, pues, una de aquellas noches de recepción, que hallándome yo colocado en la ventana haciéndole vis- h- vis á una maceta de albahaca, muy lozana ella y frescachona, acercáronse los enamorados tortilitos, más amartelados que nunca. Las tonterías que se dijeron no son para contadas; hasta que el aspirante, cansado de hablar, trató de abrazar á Cipriana Esta, como era natural, trató de desasirse, y sin querer me dio con el codo, y me despitorró. Nunca olvidaré aquel lance fatal, ni el acento con que la niña dijo: -iVálgame Dios! ¿Qué hago yo ahora con un botijo sin pitorro? Entonces me cogió y me lanzó al vacío; digo, no, k la calle, donde quedé hecho un huevo frito. PEDRO VARGAS. a -V 5 a t- ver, al cncouti arnos, de mis ojos Una lágrima ardiente resbaló, Y ufana sonreiste, imaginando Que aún vive en mi el amor. Te engañaste, mujer! aquella lágrima, I a última quizás del corazón, I5 a el beso de muerte que en su fondo El desengaño cruel depositó Ei- a el ay dolorido con que el alma A su esperanza daba un triste adiós; Xo se llora jamás lo que aún existe, i Sino lo qvre murió! RAMÓy JIMÉNEZ LÁMAR,