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BLANCO Y NEGRO 221 Los muy groseros, al verme, preguntaron lo que valía. Contestáronles que dos reales, lo cual me ofendió sobre manera, esto dicho sea inter nos. Y, después de mucha conversación, de hablar de la comenencia de refrescar, de la irritación de los testinos en la época del calor, de sobarme y no poco, de soplar por el pitorro, de ponerme boca abajo, de darme unos golpeeitos en el vientre y de tomarse otras libertades, todas ellas de malísimo gusto, cargaron conmigo, y salí en busca de lo desconocido. H ¡Mísero de mí! Desde aquel momento empezó Cristo á padecer. Recuerdo como si fuera hoy que lo primero que conmigo hicieron, después de llenarme dos veces de agua, hasta el punto que creí iba á estallar, pues me salía por boca y nariz, fué colocarme en un pasillo, nietido en una cazuela que por lo negra y carcomida parecía haber pasado la viruela en la última epidemia. ¿Dónde estás, cazuela mía de la calle del Tribulete? Tenia por vecino un cajón que me causaba las mayores aprensiones. A ratos solía embanastarse en él un bicho muy grande, con el rabo enhiesto, y me guiñaba el ojo hasta el punto de ponerme la carne de gallina, digo de botijo. Gracias á que se tranquilizaba pronto, y me libraba de su presencia y de sus guiños, después de haber escarbado dentro de la caja como si se le hubiera perdido algo. ¡Pero qué gestos tan espantosos! Mi vida en aquella bendita cas fué corta, pero desagradable. Un día asistí á descomunal batalla, porque uno de los chicos se puso á libar de mí, como si estuviera mamando de una cabra. Otro, presencié un disgusto mayúsculo porque el dueño de la casa estuvo á punto de atragantarse con una aguja de hacer media, cuya estancia dentro de mí nadie acertó á explicarse, si bien después se le colgó el milagro á la portera. ¡Dios nos libre de venganzas porteriles! Y, en fin, otro día ocurrió... Pero esto merece capítulo aparte. La familia de la vuelta de arriba tenía una chica llamada Cipriana, con empaque de albondiguilla y cara de acerola madura. Ija tal Cipriana estaba enamorada- hasta el tuétano de un aspirante á oficial 5. del Tribunal de Cuentas del Reino, gran tañedor de vihuela, y tan perito en el examen de cargaremes, que hasta había llegado á cargar al género humano.