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Las dio trajes de muchachos, Y con los mejores modos Dejó cesantes á todos Los diez oficiales machos. 4 BLAS, PELUQUERO Pensando Blas Bnstamante Qué negocio emprendería, Puso una peluquería Por todo extremo elegante. Diez expertos ciudadanos Que en su oficio eran modelo, Hacían la barba al pelo A todos los parroquianos. Pero el que no pelechó Fué el incipiente industrial; Y cuando ya iba muy mal El negocio que emprendió. Una idea extravagante Vino á cruzar de repente Por el centro de la mente Del señor de Bustamante. Enseñó en muy pocos días A ejercer de peluqueras A diez chicas hechiceras Que encontró en las cercanías. Gustó tanto al sexo feo Tan extraña innovación, Que ya sin interrupción La casa fué un jubileo. y con su charla oportuna. Alegres y vivarachas, A quellas lindas muchachas Dieron á Blas la fortuna, Pues más de un sujeto había Que, sólo por recrearse Con ellas, iba á afeitarse Cuatro ó seis veces al día. i Qué de picantes enredos Contaban al afeitar! ¡Qué modo de jabonar Al prójimo con los dedos i Qué arrojo y qué valentía ISn su oficio demostraban! ¡Como que descañonaban Al Cuerpo de Artillería! Y en fin, con extremos vanos De un amor sólo ideal. Engañaba cada cual A nueve ó diez parroquianos, Mientras el innovador Veía su arca repleta. ¡Pero no hay dicha completa E n este mundo traidor! Como jaotnás las propinas Calan en saco roto, Y Blas no ponía coto Á líos ni á tremolinas, Aunque el negocio en cuestión Le dio mucho que ganar, Al fin tuvo que tomar Una determinación. Pues crecieron las pasiones Y las torpes asechanzas, Y adquirieron las venganzas Tan tremendas proporciones, Que hasta un día salió Blas, Pagando líos ajenos. Con una oreja de menos Y dos chichones de más; E irritado ante tal mengua. Vendió todas as navajas, Y aquellas buenas alhajas Afeitaban con la lengua; Quejen punto á filo, tal vez