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Las obras del Real JUANDO las golondrinas dejen de habitar los tejados madrileños por ir en busca de refugios africanos, y los viajeros nos traigan los figurines de otoño j los abrigos de in Íerno, Kepulie s habrá terminado las obras de reparación que está ejecutando en el regio coliseo. Y cuando la brillantez de la vida cortesana llegue á su apogeo coa la inauguración del Eeal, los abonados se encontrarán en él con la terminación do los nuevos salones del lado que da á la plaza de Oriente, y solado del pórtico de carruajes; construcción del ¡liío del escenario; construcción de los camarines de las bailarinas, sustituyendo el piso de madera con otro de hierro; instalación de cables y esqueletos con arreglo al moderno alumbrado; nueva entrada á las butacas para evitar la corriente de aire; reforma de las primeras filas del costado depares; colocación do lunas ovaladas en las mamparas; de. corado de las escaleras de los palcos proscenios interiores, etc. La campaña próxima del Real promete ser notable, y para ello, tengo entendido, se hacen, además de los ya apuntados, otros muchos preparativos. todo el mundo, y, sin embargo, cuando el hielo cristaliza las aguas, las echamos de menos. jSTunca se podrá dar un viva á las moscas, pero siempre se las recuerda con cierta gratitud. Y es que aun cuando nos resistamos, tenemos que reconocerla omnipotencia del que pudo hacer todo lo grande y quiso dar vida á todo lo pequeño. La catástrofe en Saint- Mandé OLA ha tenido un grandioso y terrible motivo para estudiar el género de catástrofes que tanto abundan en La Bestia humana. El choque de trenes en Saint- Mandé es de las que dan motivo para la conversación durante muchos meses. La desgracia ha sido espantosa, los detalles lúgubres, los pormenores angustiosos. Reconocimientos, detenciones, indemnizaciones, nmltas, toda esa porción de actividades que suceden á las grandes desgracias, están dando á conocer todavía la magnitud de la de Saint- Mandé. ¿Quién podrá contar sus víctimas? Los grandes progresos de la humanidad no vienen cu último caso sino á trabajar contra la misma liunianidad que les dio vida. Las moscas BILLÓ el sol; ardió el ambiente; la naturaleza quedó caldeada por los rayos caniculares; la chicharra entonó sus cánticos estridentes á la luz y al hervir la tierra al contacto del fuego, los miasmas de los camposantos se hincharon como pompas de jabón, hicie ronse alas con los restos de las mariposas muertas, y nació la mosca. Su aspecto fúnebre contrasta con la alegría del verano; su sonsonete monótono recuerda oficios de difuntos; su insistencia es la del desheredado; su puntualidad, la del agradecido. Sólo los moralistas la encuentran útil; sólo los insectos la temen; sólo la desean los viejos, que ven con la llegada de las moscas la del calor quedes falta para la vida. La mosca tiene su época de imperio, que comparte cariñosamente con los rosales y las avispas; las gasas son sus barreras infranqueables. De las moscas reniega Diversiones públicas joco ó nada nuevo por los centros de diversión. En Jai- Alai siguen jugándose buenos partidos. El público que los presencia es numeroso, si bien se nota la ausencia de muchas caras conocidas. Lo propio sucede en los Jardines, donde los martes y viernes la Sociedad de Conciertos celebra, con gran aplauso, unos muy notables. En Felipe se ha estrenado un juguete de Sinesio Delgado, titulado El Toque de rancho, y en el Tívoli la zarzuela El Dios chico, de Rodríguez Chayes. En Recoletos se ha presentado, después de una larga ausencia de Madrid, el primer actdr cómico Gabriel Sánchez de Castilla, uno ó acaso el único actor de este género que queda de los tiempos de Zamacois, Riquelme, Lujan y Mariano Fernández.