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Rumor no interrumpido Be pasos, que avanzaban Por el soto vecino. Curioso fijé al punto La vista en aquel sitio, Y obser é que venia De un perro precedido Y la escopeta al hombro El médico don Lino, Hombre muy estimado De todos los vecinos Del pueblo donde ejerce Diferentes oficios (Que generosamente Le son retribuidos) Que además de galeno Es albéitar sin título, Comadrón, cirujano. Barbero, y si es preciso Se viste la sotana Y sin ningún remilgo De sacristán ejerce ü bien de monaguillo, Porque por la puchera El bueno de Don Lino, Igual canta un responso Que aplica un sinapismo. Llegó adonde yo estaba. Saludóme muy fino, Y sobre el blando césped sentándose, me dijo: ¡Qué descansada vida, Como el poeta ha dicho. El hombre goza lejos Del mundanal ruido! -Está usted hoy filósofo. -Sí que lo estoy, amigo, Porque esa ciencia infusa Siempre mi fuerte ha sido. -Puf sya que estamos juntos En este ameno sitio, Fumemos un cigarro Como buenos amigos. Saqué yo la ijetaca Liamos dos pitillos, Y como dos cotorras Charlamos de lo lindo Del tiempo, de la siega, Del dómine don Víctor, Del burro del alcalde. Del cura, de los líos Que la señó alcaldesa Tiene con el ministro, Y de otras pequeneces Que por ser breve oaiito. Concluida la charla, El bueno do don Lino Despidióse diciéndome: -Adiós, amigo mío. ¿Se va usted ya? -Me marcho Al próximo cortijo A visitar un cliente Que tengo muy malito. ¿Pues no va usted de caza? -Claro es que voy, amigo, Porque como usted sabe. La caza es mi delirio: Yo meto diariamente En la puchera un bicho. Tanto es asi, que cuando En el campo visito A algún enfermo, llevo La escopeta conmigo, ¡Y de este modo mato Dos pájaros de un tiro! J F. SAÍÍ MAKTIN Y AGUIRRE. EL TI Una hermosa mañana Ool caluroso estío, Estaba yo á la sombra De los copudos pinos, Sobre el mullido césped Gratamente tendido, De la naturaleza Estudiando el gran libro, Cuando turbó de pronto De aquel lugar tranquilo El profundo silencio,