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BLANCO Y NEGEO 203 ella como im tigre carnicero, y tiene que entablarse una lucha cruel entre la madre y el hijo para que éste suelte su presa. ifo tero tañe- -grita el muchacho. ¡Suéltala, bribón! -responde la mamá arrebatándole el trozo. -Yo tero tañe, ¡ji, jl, ji! -Vamos, hijito- -dice el papá en tono cariñoso y conciliador. -Ten paciencia, que vamos á daros carne y tortilla y quesito y muchas cositas. La mamá comienza á repartir carne entre los tres muchachos, pero carga la mano en la ración de Felipin, y los otros protestan con grandes gritos. -Felipin tiene más- -dice uno llorando. -Yo quiero la de Felipin- -dice el otro. Entonces la mamá, sin poderse contener, coge un panecillo largo y golpea con él la cabeza de Balbinito; éste grita desesperadamente; el otro muchacho quiere huir y tropieza con lo. s pies del viajero ilustrado, que lanza aullidos lastimeros, porque tiene un juanete en carne viva. Pide mil perdones el papá, refunfuña la madre, lloran los tres chiquillos á la vez, y en esto se abre la puerta del coche y aparece el revisor, que empieza por preguntar: -Y estos niños, ¿llevan billete? -No, señor- -contesta el padre. ¿Por qué? -Porque ninguno ha cumplido los tres años. r ri ¿Cómo que no? Éste tiene doce, lo menos. -Está usted muy equivocado- -grita la madre. -Nosotros nos casamos en Enero del 80, y puedo probarlo; y si no, no tiene usted más que preguntar á todo el comercio de la calle de la Cabeza, que nos conoce muchísimo, porque mamá tuvo allí casa de préstamos, y este chico cumplirá tres años el día de San Antón, que por cierto fui en estado interesanteá ver la cabalgata, y en la red de San Luis me indispuse y me metieron en una pescadería á darme bicarbonato- -Bueno, bueno. Tienen ustedes que sacar los billetes de los niños. ¡Protesto! -grita el papá; -y debo advertir á usted que soy uña y carne de Pulgosi, el que está en la oficina de Vía y. Obras. ¿Y qué? -Nada; que pienso decirle los abusos que cometen ustedes con los viajeros. Al fin y á la postre, el papá tiene que pagar íos billetes de los tres chicos, y sólo así consigue que le deje en paz aquel cancerbero ¡Y aun hay quien dice que no son divertidos los viajes de placer! LUIS T A B O A D A