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202 EN SAN SEBASTIAN BLANCO Y NEGRO Y la familia penetra en el coche media hora antes de salir el tren. Los chicos no han hecho más que entrar, y empiezan á LECTURA INTERESANTE, pedir tortilla y carne asada. POK KOJAS- -Mamá, saca la merienda- -dice uno. -Yo tero pan- -grita otro. -Mamá, agua- -añade el tercero. ¿Ya empezamos? -exclama la madre fuera de si. -Con estos chicos no se puede ir á ninguna parte. Bien sabe Dios que si no fuera por vuestro padre, que necesita los baños de ola, me quedaba en Madrid este verano Jesús! ¡Qué condenación de chiquillos! El papá no dice nada, pero ha sustituido su sombrero hongo por una gorrilla á cuadros, en forma de queso manchego, que le da todas las apariencias de uno de esos catalanes verbosos que venden pasta mineral para las navajas 3 sebo virgen para los dolores de vientre, en las plazuelas de la corte. Por fin, el tren lanza un chillido y se pone en movimiento. Entonces los niños comienzan á aplaudir y á querer asomarse todos á la ventanilla, mientras la mamá les dice: ¡Eh, cuidado! No saquéis la cabeza, que puede pasar otro tren. -O puede haber un túnel- -objeta el papá, -O puede ocurrir un desprendimiento de tierras- -añade otro viajero que se las echa de inteligente. -Yo he visto cosas muy raras en los ferrocarriles, porque viajo mucho. -Sí, áeh? -Muchísimo; raro es el mes en que no hago un viaje. Aun no hace ocho días que estuve en Guadalajara, y ahora voy á Medina del Campo. -Será usted turista áÍQ. Q el papá de los niños. -No, señor, soy lampistero. Me dedico á la venta de tubos y denlas útiles pertenecientes al ramo de la lampistería. -Los viajes ilustran mucho- -agrega la mamá. ¡Oh, ya lo creo! -responde el aludido. ¡Buena diferen cía de lo que era yo hace dos años j de lo que soy ahora! Baste decirle á usted que aun no había visto á ¡Segovia, y ahora la conozco como si hubiera nacido allí. ¿Y es muy grande? -No, más bien es ancha. -Yo, si pudiera, estaría viajando toda la vida- -dice la mamá en un momento de mal contenido ji ibilo. -Así es que todos los años salimos. ¿Van ustedes muj lejos? -Si, señor, vamos á Cercedilla. ¿Es puerto de mar? -No, pero está cerca. -Además- -añade el esposo- -hay allí una charca muy hermosa, que es donde pensamos bañarnos. Los niños no han cesado de pedir alimento desde que entraron en el vagón, y hay necesidad de abrir la cesta y extender una toalla sobre las piernas de los viajeros para servir la merienda. En cuanto Felipín ve la carne asada, se arrija sobre