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VIAJES DE PLACER Ha llegado la época de los viajes de placer. Toda persona que en algo se estime, procura ventilarse en nuestras costas, porque no hay nada más terrible que pasar el verano en Madrid, exponiéndose á que diga la portera: ¿Quién? ¿La familia del tercero? ¡Calle usted por Diosl Todos los años dice que se va á San Sebastián, pero todavía no lo he visto, ¡Á San Sebastián! Ya quisieran ellos poder pagar al carbonero que viene cada ocho días á ver si cobra, y el jueves perdió la serenidad y quiso echarle las manos al cuello á la señorita, porque es una descarada que debe á todo el mundo y encima pone motes á las personas, Al carbonero le llama Bandullón, y á él se le subió la sangre á la cabeza cuando lo supo. Y es natural, porque á nadie le gusta que le falten. Le digo á usted que hay personas muy poco decentes. Á pesar de las dificultades con que hoy tropiezan casi todos los madrileños para obtener la necesaria alimentación, hay muchos que viajan. Por la Estación del Norte salen todos los días matrimonios á docenas, rodeados de chiquillos, que van á bañarse á Gijón, á Santander, á Vigo, á Pozuelo de Aravaca. Da gusto verlos llenos de líos, con la faz jubilosa y el sudor bañándoles el cogote. -Anda, Rodríguez, sube tú primero para que me des la mano y vayas introduciendo á los niños. A Felipín asómale desde ahora á la ventanilla, porque ya sabes que se marea. ¿Traes el limón? Pues dáselo para que lo vaya oliendo. Sube tú, Balbinito, y á ver cómo tienes formalidad. No pongas los pies sobre ese caballero. ¿No lo dije? Ya le has pisado el pantalón. Dispense usted. Es un niño muy alocado, porque tiene mucha imaginación, y no mira dónde pisa, Ea, arriba todos.