Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
i -S -k Mv í 1- TM OLiTA en el mundo, como las pobres golondrinas que se cobijan en los aleros del tejado, quedóse Amalia al morir su madre, y la única Herencia j í ÜP P legada consistía en un recuerdo peren -j w yT k p g ¿g la santidad ejemplarísima que llevó en vida Numerario riquísimo de afectos, máxi. mas y ternuras, pero con el cual no pueden i amortizarse las necesidades materiales de la existencia. Amalia era buena, y recha ó indignada las proposiciones del turbión de hombres que, atraídos por el cebo de su herW t mosura y el vacío de la orfandad, la ofrecieron joyas, pala cios, carruajes, vestidos, ¡qué se yo! Un sin fin de baratijas. A cada nueva oferta, sentía la huérfana un ardor extraño que quemaba sus mejillas de rosa, y un anhélito grande Su pudor se rebelaba ¡No, ella no sería una de tantas mujeres del montón anodino que se encharca en el vicio! ¡Trabajaría! Afortunadamente, su buena madre habíale enseñado á bordar Buscó donde emplear sus talentos Era el suyo oficio eleganje y señoril, y por eso mismo, empresa de paciencia encajar el trabajo Y mientras, los recursos mermaban y la deuda iba en alimento. En los primeros días, el Monte de Piedad ejerció de Providencia; pero, una vez desmantelado el cuarto, vacíos los baúles, sin nada que empeñar, la situación resultaba angustiosa, y llegaría un momento en que el infortunio, á manera de lanza prepoteute, quebraría el escudo de voluntad con que Amalia se resguardaba para no ser presa del gran enemigo de toda joven heimosa y pobre; a sedvieción, v- p w