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BLANCO Y NEGRO II 189 CUADEO BEKTA nes; Por fin se fueron; ¡qué mujer más antipática! Hoy está esto fané. Wi un mal amigo se ha acercado á darme las buenas noclles. Allí va Perico con la Condésita. ¡Valiente mamarracho! Desde la pasada del garden parta, puedo ver. Pues. ¿j el otro el niño zangolotino? un cursi más rematado y con más pretensiones La verdad es que en cuanto viene el calor, Madrid está insoportable. Ya debiera estar yo en. Biarritz ó en San Juan de Luz; pero ahí está el mal, en la luz. Con cuatro ó cinco: mil pesetas habría bastante; pero ¿dónde hay una persona decente que las dé ó las preste? que para el caso es lo mismo. Si aquel diputado de la otra noche pero no, Farrapiño tiene razón: los padres de la patria primerizos no han tenido aún tiempo de hacer fortuna Me tomaría otro arlequín. (Entreabre un elegante portamonedas, en cuyo interior se alberga una llavecita, en la agradable compañía de algunos perros de menor cuantía. Pues me he venido sin dinero, como de costumbre. (Pausa. ¡Se salvó la patria! Juauito viene hacia aquí Adiós, Vizconde Usted siempre tanc c (Aparte. j tan tonto... ¿A la montaña rusa? ¡Con mucho gusto! ¡Poquito que me gustan á mí esas emocio: h! hay que pagar Tantas gracias Ahorst, ¡Allons, enfants de la patrie! i i CUADEO I I I ELLA y ÉL retirados entre los árboles. Ella toma sorbete. El una copa de Jerez, alternando con alguna cucharadita de helado que ella le ofrece ELLA. ¿Habrá comenzado el tercer acto? E L -N o tengas prisa. ¡Aquí se está tan bien, á tu lado! Prefiero oir tu voz á la de la más ilustre prima donna. ELLA. ¡Guasón! ¡A cuántas habrás dicho lo mismo! ÉL. ¡Oh, no! ELLA. -Vaya, ¡pues á fe que has sido poco conquistador! Y aquí mismo has dado bastante que hablar EL. -Non raggionar di lor ¡Ahora soy tu maridito, que sólo piensa en ti y desea hacerte feliz muy feliz! EÍLA. ¿De veras? E L ¿L o dudas? ELLA. (Le mira, suspira y calla. EL. -Nos hemos quedado solos. (Le coge la mano y estampa en ella un beso) U N CAMARERO. (Que aparece por escotillón sonriendo mejistofélicamente) ¿Llamaba usted, señorito? CUADRO IV D. TEODOSIO, solitario y melancólico ante una gi- ande de la Criíz Blanca Esas noticias de Pepe son desconsoladoras. Como continúe bajando la Tabacalera, me voy á divertir. Pero ¡que Gobiernos y qué país! Tenía razón el que dijo que esto es un presidio suelto. Y gracias á que no hemos tenido ningún pronunciamiento como el de marras, que me partió por el eje pero vendrá, ya lo creo que vendrá tiene que venir. (Se sorbe filosóficamente una copa de cerveza y enciende el puro por décinia vez. Pues, señor, bueno; vamos á dar una vuelta por ahí, á ver si ha venido el general que necesitaba aquellos treinta mil reales. ¡Je, je! Si los tomara, no sería mal negocio para n: í, se entiende. Cualquiera creería que vengo yo aquí para divertirme. Sí, para diversiones están los tiempos, con la Tabacalera en baja. Claro, si cada día es peor el tabaco. (Arroja la punta del puro con ademán trágico. Más me hubiera valido hacerme empresario de estos Jardines; por lo menos, tendría entrada gratis todas las noches. A. D A I í Y I L A J A L D E E O (Ilustraciongs de D. JOAQUIN SOROLLA)